Quemar la traición (por Cristina Jarque).


 
Quemar la traición.
Cristina Jarque
Las tradiciones no son casuales. Nacen de deseos colectivos, a veces inconfesables. Son pulsiones ancestrales: quemar la traición. Todos hemos tenido una. El fuego limpia lo que duele y no se olvida. Esta noche, en Toledo, queman a los Judas. Han dejado un carro con leña junto al Tajo. El río, testigo de todo, verá otra vez ese juicio antiguo. Judas no murió por castigo divino, sino por la culpa. Así caen muchos traidores: no por justicia externa, sino por algo que los devora desde dentro. Hay una justicia íntima, inconsciente, que no falla. La traición duele más cuando viene de cerca. De quienes compartieron risas, infancia, sangre. No siempre vemos el castigo, pero sabemos que existe: en la noche, en silencio, frente a sí mismos. Esta noche no arderá solo Judas. Arderán también esos otros, los que traicionan bajo el disfraz del amor. Mirar arder la pira es catártico. Siento que algo en mi interior también arde.

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