La Catrina (por Cristina Jarque).


 La Catrina nació de una calavera. Su origen se encuentra en las «calaveras» satíricas de José Guadalupe Posada, a finales del siglo XIX, y adquirió su nombre y su forma más conocida con Diego Rivera, quien la incorporó en su mural "Sueño de una tarde dominical" en la Alameda Central. La Catrina representa a una mujer elegantemente vestida cuya imagen nos recuerda que, detrás de las apariencias sociales, todos terminamos siendo iguales ante la muerte. La Catrina resulta fascinante porque pone en escena aquello que la cultura intenta ocultar: la muerte. Freud mostró que el inconsciente no conoce la muerte como una experiencia propia y que necesitamos representarla a través de imágenes, relatos y rituales. La calavera hace visible aquello que permanece velado. La Catrina aparece llena de adornos: lleva vestido, sombrero, flores, colores. La muerte se presenta bajo una imagen deseable. Quizá ahí encontremos algo profundamente psicoanalítico: el sujeto necesita vestir aquello que le resulta insoportable para poder mirarlo. La Catrina convierte la muerte en imagen, y al hacerlo nos permite jugar con ella, celebrarla y, por un instante, perderle el miedo.

Impune (por Cristina Jarque).

 Impune

Cristina Jarque

La serie mexicana El juicio (Prime, 2025), dirigida por Jorge Michel Grau, me ha dejado una sensación profundamente desagradable. Lo más absurdo aparece al final, cuando se invita a quienes hayan sufrido abusos a denunciarlos. ¿De verdad? ¿Denunciarlos ante quién? En el contexto de esta historia, la recomendación parece casi una broma de mal gusto. Carlos Huerta, el verdadero agresor, se va de rositas gracias al dinero y al poder de su familia, mientras unos jueces corruptos permiten que la justicia se desvíe. Andrea, la víctima, queda sin reparación y Gerardo, un joven inocente, termina en la cárcel. ¡Es inaudito! En esta serie, el culpable queda libre, la víctima queda marcada y el inocente carga con una culpa que no le corresponde. Cuando la ley falla, puede convertirse en una segunda escena traumática para quien ha sufrido el abuso. La serie termina recomendando denunciar, pero su propia historia nos deja una mueca amarga: ¿qué puede hacer una víctima cuando quienes deberían escucharla están comprados por el poder? El trauma también puede estar en descubrir que la justicia, en lugar de reparar, puede convertirse en otra forma de violencia.





LaTE. (21/10). ARTE & PSICOANÁLISIS.

 LaTE. (21/10). ARTE & PSICOANÁLISIS. Interviene Yolanda Cogolludo con Cristina Jarque como Más uno (+1).

La maldición que retorna

Cristina Jarque 

Hablaremos de la película Memorias de Antonia (Prime 1995) que nos permite abrir una reflexión. ¿Puede una maldición retornar? En esta historia, cuando el hombre abusa de la joven, Antonia lo enfrenta y le lanza una maldición, diciéndole que algún día, él sufrirá aquello que le ha hecho sufrir a la chica. Tiempo después, la maldición se cumple. Me pregunto: ¿Casualidad, destino o quizá, justicia del inconsciente? Cuando la justicia de los hombres falla, ¿puede el deseo de venganza encontrar otra vía para realizarse? En este caso, la palabra de Antonia funciona como una sentencia. Lo que parecía una maldición termina haciéndose realidad, como si el campo de lo inconsciente hubiera encontrado la manera de escribir su propia ley. En Freud, lo inconsciente desconoce el azar cuando algo insiste en retornar. Antonia parece saberlo: hay actos que dejan una marca y palabras que pueden adquirir el peso de un destino.





Homenaje a Fernando Lorenzana (por Cristina Jarque).


 Fernando Lorenzana (1946-2026)

Hay personas que, aunque no estén presentes en todos nuestros actos, dejan una huella que permanece. Fernando Lorenzana fue para mí una de esas personas. Él era un hombre de Arte en Toledo, profundamente entusiasta, sensible y generoso con la cultura. Desde que conoció el trabajo de los Monólogos Femeninos, se convirtió en uno de sus espectadores más fieles y, sobre todo, en uno de sus más cariñosos apoyos. Hace unos meses recibí un mensaje suyo que hoy leo de otra manera. Me hablaba de sus recuerdos de nuestras representaciones y me decía algo que me conmovió: que tenía “un recuerdo fantástico” de aquellas mujeres que hacíamos los monólogos. Fernando estaba atravesando entonces un momento muy difícil de salud. Y aun así, su mensaje terminaba con una frase llena de esperanza y de afecto: “Cuando tengáis algún acto, dímelo por si me puedo acercar”. Ya no podrá acercarse físicamente a nuestros actos, pero su recuerdo queda profundamente grabado en mi corazón. Me queda, sobre todo, el agradecimiento por haber contado con su mirada, su entusiasmo, su generosidad y su apoyo.

Efecto Zeigarnik & psicoanálisis (por Cristina Jarque).

 Efecto Zeigarnik & psicoanálisis

Cristina Jarque

La psicóloga Bluma Zeigarnik (1901-1981) observó que los camareros recordaban con mayor facilidad los pedidos que aún estaban pendientes y olvidaban con más rapidez aquellos que ya habían sido servidos. De esta observación nació el llamado efecto Zeigarnik que plantea que una tarea inconclusa permanece activa en la memoria hasta encontrar algún modo de cierre. El psicoanálisis permite llevar esta idea hacia el territorio de lo inconsciente. Aquello que para un sujeto carece de una elaboración simbólica permanece abierto y puede retornar bajo distintas formas. Una escena, una pérdida, una palabra, un conflicto pueden reaparecer en elecciones, vínculos, síntomas y repeticiones. La repetición inconsciente señala precisamente esa insistencia. Algo busca ser leído, dicho y elaborado. El sujeto vuelve al mismo lugar porque, para él, aquello permanece pendiente de una inscripción simbólica. Cada repetición contiene la huella de una historia que espera ser concluida de otra manera. Pero ¿cómo concluir cuando la palabra misma no tiene fin? El análisis abre la posibilidad de hablar, asociar, volver sobre lo vivido y encontrar nuevas significaciones. Sin embargo, la palabra siempre deja otra palabra por decir. Quizá el tiempo de conclusión llegue cuando ya no se trate de encontrar la palabra definitiva, (lo que Lacan llamó el sentido narcótico del discurso) sino de producir un cierre por otra vía. ¿Cuál sería esa vía? Seguramente algo del orden del cierre en relación a un sufrimiento.  Como por ejemplo, una toma de decisión, un acto, una nueva manera de abordarlo. En definitiva, que el discurso revela el saber ignorado y cuando la palabra ya no alcanza, algo en el tratamiento nos permite encontrar una nueva manera de habitar aquello que se repite.



LaTE. MASS, el miércoles 16 de septiembre. Interviene Estrella Romeralo con Cristina Jarque como Más uno (+1).

Después del horror

Cristina Jarque

Hablaremos de la película "Mass", escrita y dirigida por Fran Kranz (2021), que reúne en una habitación a dos parejas de padres unidos por una tragedia insoportable: unos han perdido a su hijo, asesinado por el hijo de los otros, quien después se suicidó. Lo que comienza como un encuentro contenido se convierte poco a poco en una confrontación con el dolor, la culpa, el odio y aquello que no puede ser reparado. Lo más conmovedor de la película es que no intenta borrar el odio. Al contrario, nos muestra que el odio también forma parte del duelo. ¿Cómo dejar de odiar a quienes han quedado asociados para siempre con la muerte de un hijo? ¿Cómo vivir siendo los padres de alguien que ha cometido un acto monstruoso? Entre estas dos posiciones se abre un espacio para la palabra, allí donde durante años sólo parecía posible el silencio. Freud escribió en Duelo y melancolía (1917): "El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada". Pero en Mass la pérdida no puede reducirse a la ausencia del objeto amado. Lo que está en juego es también la pérdida de una imagen: la imagen del hijo, la imagen de los padres y, sobre todo, la imagen que cada uno tenía de sí mismo. Quizá por eso el encuentro resulta tan doloroso. Hablar no consigue cambiar lo ocurrido, pero permite poner palabras allí donde sólo había horror. El psicoanálisis sabe que no se trata de olvidar ni de perdonar a cualquier precio, sino de poder construir una nueva relación con aquello que no tiene reparación. Porque hay acontecimientos que no pueden cambiarse; lo que sí puede cambiar es el lugar que ocupan en la vida del sujeto.





"Lo que más me gusta de mi madre es que esté muerta". Sinéad O'Connor.

 "Lo que más me gusta de mi madre es que esté muerta". Entrevista de Sinéad O’Connor en El País 2017

Cristina Jarque

La historia de Sinéad O’Connor (1966-2023) estuvo marcada por una relación devastadora con su madre, Marie, una mujer que ejerció sobre ella una violencia física y psíquica que le dejó huellas profundas. Sinéad llegó a contar que su madre la golpeaba con una violencia extrema. Hace poco la escuché cantar Nothing Compares 2 U, la canción que la convirtió en una estrella mundial. Su voz me desgarró por dentro. Sentí que allí había una herida que no encontraba palabras. En la canción aparece una frase dirigida a la madre: "Las flores que plantaste, mamá, ya no son las mismas desde que te fuiste". Pensé inmediatamente: ¿Cómo puede alguien cantar algo tan bello a una madre tan dañina? Porque la niña siempre necesita ser amada por su madre. Incluso cuando la madre es fuente de sufrimiento, el amor hacia ella puede permanecer atrapado en el lugar más profundo de la subjetividad. Por eso, a quienes les toca como destino una madre estrago les resulta tan difícil superar la tristeza y separarse de aquello que las ha hecho sufrir. Muchas veces, en relaciones amorosas futuras, repiten el estrago con las parejas de amor. En mi libro La madre estrago he abordado precisamente esta dimensión de la maternidad cuando el vínculo materno deja de ser un lugar de amparo y se convierte en una relación que invade, captura y destruye. El estrago materno puede instalarse como una marca difícil de separar de la propia subjetividad. ¿Cómo construir un deseo propio cuando quien debía introducir al sujeto en el mundo ha sido fuente de un sufrimiento tan intenso? El psicoanálisis puede abrir un espacio fundamental para lograr esa separación. Porque lo que no se puede hacer, por más que queramos, es borrar el daño. Intentar borrarlo puede hacer que retorne bajo la forma de síntomas. Se trata, más bien, de poder construir una distancia simbólica que permita dejar de vivir bajo el mandato materno, incluso cuando ese mandato continúa operando después de la muerte de la madre estrago. Sinéad O’Connor hizo de su dolor una voz. Su vida muestra, de una manera estremecedora, que sobrevivir al estrago significa poder transformar aquello que fue padecido en algo que ya no determine completamente quiénes somos. A veces, para poder vivir, hay que poder decir aquello que durante mucho tiempo permaneció atrapado en el cuerpo: una verdad sobre la madre, sobre el odio, sobre el amor y sobre la necesidad de separarse.



Homenaje a Christine Boutléroff.

Christine Boutléroff (1951-2026). Con profunda tristeza comunico el fallecimiento de Christine Boutléroff, querida amiga y extraordinaria traductora. Christine tradujo al francés mi libro La madre estrago, publicado en francés con el título La mère ravage. Pero
nuestro vínculo fue mucho más allá de la traducción y de los libros. Era una amiga entrañable y profundamente querida, una hermana elegida. Su fallecimiento me toca el alma y me deja el corazón roto. Hay pérdidas que parecen imposibles de aceptar porque, con ellas, desaparece una presencia que formaba parte de nuestra propia vida. Christine deja tras de sí su trabajo, su sensibilidad y el recuerdo de una amistad que para mí fue profundamente valiosa. Siempre llevaré conmigo su recuerdo, su afecto y todo lo que compartimos. Gracias querida Christine por haber formado parte de mi vida. Siempre vivirás en mi corazón. 

Christine Boutléroff (1951-2026). C’est avec une profonde tristesse que j’annonce le décès de Christine Boutléroff, une amie très chère et une traductrice remarquable. Christine avait traduit en français mon livre La madre estrago, publié sous le titre La mère ravage. Mais le lien qui nous unissait allait bien au-delà de la traduction et des livres. Elle était une amie tendre et profondément aimée, une sœur choisie. Son départ touche mon âme et me laisse le cœur brisé. Il y a des pertes qui semblent impossibles à accepter, parce qu’avec elles disparaît une présence qui faisait partie de notre propre vie. Christine laisse derrière elle son travail, sa sensibilité et le souvenir d’une amitié qui, pour moi, fut infiniment précieuse. Je garderai toujours en moi son souvenir, son affection et tout ce que nous avons partagé.


Homenaje a Catherine Millot.

Catherine Millot (1944-2026). Il y a trois ans, Catherine était venue au cimetière du Père-Lachaise pour faire ses derniers adieux à Gérard Pommier. Son discours avait été profondément émouvant. Ce fut la dernière fois que j’eus l’honneur de pouvoir lui parler personnellement. Je garderai toujours d’elle le souvenir de cette journée : élégante, raffinée, discrète et pleine de vie. Pour moi, ce fut un immense honneur de l’avoir connue. Son souvenir, sa présence et la trace qu’elle a laissée à travers sa parole et son œuvre continueront de vivre dans le cœur de ceux d’entre nous qui ont eu la chance de la rencontrer. Certaines personnes disparaissent, mais leur lumière demeure. 

Catherine Millot (1944-2026). Hace tres años, Catherine acudió al cementerio de Père-Lachaise para dar el último adiós a Gérard Pommier. Su discurso fue profundamente emotivo. Esa fue la última vez que tuve el honor de poder hablar con ella personalmente. Siempre guardaré de ella el recuerdo de aquel día: elegante, refinada, discreta y llena de vida. Para mí, fue un inmenso honor haberla conocido. Su recuerdo, su presencia y la huella que dejó a través de su palabra y de su obra continuarán viviendo en el corazón de quienes tuvimos la suerte de conocerla. Hay personas que desaparecen, pero cuya luz permanece.



Presentación de la novela "Fratricidio" de Cristina Jarque en París. Présentation du roman "Fratricide" de Cristina Jarque à Paris, le 20 mai 2026.


 

Presentación de la novela Fratricidio de Cristina Jarque en París (20 de mayo de 2026).

 









Presentación de la novela Fratricidio de Cristina Jarque en París (20 de mayo 2026).

Quiero agradecer a Vannina Micheli-Rechtman por su invitación, así como a los colegas del Espacio Analítico en París. Asimismo, deseo expresar mi gratitud por la presencia de Claire Gillie y de Emmanouil Konstantopoulos. "Fratricide" es la segunda novela de orientación psicoanalítica que he escrito. La primera, "Burbuja de amor", fue publicada en 2008. Para mí ha sido fundamental poder transmitir el psicoanálisis de una manera accesible, y considero que estas dos novelas responden a ese objetivo. Resulta particularmente interesante observar cómo los personajes que han tenido el deseo (y el privilegio) de emprender un tratamiento psicoanalítico van transformando poco a poco sus vidas. La escritura de estos relatos responde precisamente a esa intención: mostrar cómo el psicoanálisis permite al sujeto operar una rectificación subjetiva, en la medida en que logra reconocer el goce intrínsecamente implicado en los síntomas de los que se queja. Fratricide se presenta como una travesía clínica y literaria del vínculo entre hermanas, allí donde el amor originario se invierte en odio feroz, hasta alcanzar lo que Lacan denomina “frerocidad”. La novela no se limita a una intriga familiar: despliega una verdadera cartografía del inconsciente transgeneracional, donde los afectos, los traumatismos y los significantes se transmiten, se desplazan y se repiten a través de las generaciones, determinando los destinos subjetivos de los personajes. En el corazón de esta dinámica, la relación entre Cristal y Nora encarna de manera paradigmática la violencia del vínculo fraterno cuando este queda atrapado en los impasses del deseo del Otro. Desde las primeras páginas, la novela inscribe la rivalidad entre hermanas en una temporalidad amplia, que se remonta a los ancestros. La historia de María y Sol, marcada por la Revolución mexicana, constituye un núcleo traumático originario. La violación sufrida por María, su posterior mutismo y la imposibilidad de simbolizar esa violencia inscriben un real no metabolizado en la línea familiar. Ese real, irrepresentable, se transmite en forma de huellas, silencios y repeticiones. Así, el odio entre hermanas no surge ex nihilo: es el producto de una herencia inconsciente en la que el trauma, al no ser elaborado, se repite bajo formas desplazadas.

 

En esta perspectiva, el odio de Nora hacia Cristal aparece como el efecto de una cadena significante que la sobrepasa. Nora no odia solamente a su hermana como individuo; odia lo que Cristal representa en el campo del deseo del Otro. Desde la infancia, Cristal ocupa un lugar privilegiado en la mirada materna. Esta distribución desigual del amor, percibida inconscientemente, constituye una herida narcisista fundamental para Nora. La hermana se convierte entonces en un doble insoportable, un espejo que le devuelve a Nora su falta, su insuficiencia, su exclusión. La frerocidad nace precisamente de esa proximidad: el otro es demasiado semejante para ser tolerable, demasiado cercano para ser ignorado. La noción lacaniana de “frerocidad” adquiere aquí toda su dimensión. No se trata simplemente de un odio consciente, sino de un goce ligado a la destrucción del otro. La relación entre Nora y Cristal está marcada por una ambivalencia extrema en la que amor y odio se confunden. Nora desea ser reconocida, amada, elegida como la única. Pero ante la imposibilidad de realizar ese deseo, el odio se convierte en el modo privilegiado de relación. Destruir al otro, incluso simbólicamente, aparece entonces como la única salida para restaurar una integridad narcisista amenazada. El sueño de Nora, en el que asesina a Cristal, constituye un momento clave de la novela. En referencia a Freud, este sueño puede leerse como un cumplimiento de deseo. Revela la verdad inconsciente del sujeto: el anhelo de hacer desaparecer a la hermana rival. Sin embargo, este deseo no puede ser asumido en el plano consciente. Permanece reprimido, pero no por ello deja de operar. Es precisamente esta imposibilidad de simbolizar el odio lo que conduce a Nora a un callejón sin salida subjetivo. La “justicia del inconsciente”, noción central de la novela, se manifiesta entonces de manera implacable. Incapaz de reconocer su odio, Nora termina siendo su propia víctima. La peritonitis que la afecta, seguida del aneurisma fatal, puede interpretarse como una somatización extrema, una respuesta del cuerpo a un conflicto psíquico no elaborado. El cuerpo se convierte en el lugar donde se inscribe la deuda inconsciente. La destrucción que deseaba infligir a su hermana se vuelve contra ella misma. Este retorno ilustra la lógica del superyó lacaniano: una instancia que no solo prohíbe, sino que empuja al goce y castiga al sujeto por sus deseos inconfesables. Así, la muerte de Nora no responde simplemente al azar biológico. Se inscribe en una lógica subjetiva en la que el sujeto es alcanzado por aquello que no quiere saber de sí mismo. El odio, en tanto pasión fundamental, exige ser reconocido. Cuando es negado, actúa de forma destructiva. Nora encarna esta imposibilidad de hacer algo con el odio, de simbolizarlo, de atravesarlo. Permanece atrapada en una repetición mortífera que culmina en la desaparición del sujeto. Frente a esta trayectoria trágica, el recorrido de Cristal ofrece un contrapunto esencial. A diferencia de su hermana, Cristal emprende un trabajo analítico que le permite elaborar su historia y desprenderse de las determinaciones inconscientes. Su alcoholismo y su adicción al sexo aparecen como síntomas, intentos de tratar un goce invasivo. Estas conductas adictivas dan cuenta de una relación problemática con el cuerpo y el deseo, marcada por la búsqueda de una satisfacción inmediata y repetitiva. El psicoanálisis desempeña aquí un papel decisivo. Al permitirle a Cristal poner en palabras su historia, abre un espacio de subjetivación. Cristal puede entonces reconocer los afectos que la atraviesan, incluido el odio hacia su hermana. Este reconocimiento es fundamental: permite transformar el odio en un elemento simbolizable, integrado en la economía psíquica del sujeto. Allí donde Nora quedó atrapada en la negación, Cristal acepta confrontarse con la verdad de su deseo. Este trabajo analítico conduce a una transformación profunda. Cristal logra salir de sus adicciones, no mediante una simple voluntad consciente, sino a través de una reorganización de su relación con el goce. Ya no está dominada por una repetición compulsiva; ahora puede investir otras formas de vínculo, particularmente el amor. Su relación con Pedro Antonio da cuenta de esta nueva capacidad de amar sin quedar invadida por la destructividad. Es significativo que Cristal sea psicoanalista. Ella encarna la posibilidad de transformar el propio síntoma en saber, de convertir el sufrimiento en una herramienta de comprensión. Su discurso sobre la “justicia del inconsciente” muestra que ha integrado esta dimensión: cada sujeto se enfrenta, tarde o temprano, a sus propios actos, a través de vías a veces indirectas. Esta posición subjetiva le permite no actuar el odio, sino pensarlo. La escena final, en la que Cristal se entera de la muerte de Nora, resulta especialmente reveladora. No manifiesta ni triunfo ni una culpa excesiva. Más bien parece aceptar el acontecimiento como el resultado de un proceso que la trasciende. Al alimentar a los patos, junto al río, simboliza una forma de pacificación interior. El ciclo de la frerocidad parece cerrarse, al menos para ella. Sin embargo, la novela no propone una resolución cerrada. La transmisión transgeneracional permanece como una cuestión abierta. Que Cristal logre desprenderse en parte de este legado no significa que este desaparezca. Continúa existiendo como posibilidad, como riesgo, como memoria. El trabajo analítico aparece entonces como una tarea siempre por retomar, una vigilancia frente a las repeticiones inconscientes. En definitiva, Fratricide ofrece una reflexión profunda sobre el odio entre hermanas y sus determinaciones inconscientes. A través de las figuras de Nora y Cristal, la novela pone en escena dos destinos opuestos: uno marcado por la repetición mortífera, el otro por un intento de elaboración y transformación. La "frerocidad", lejos de ser un simple exceso afectivo, aparece como una estructura del vínculo fraterno, revelando la complejidad del deseo y del goce. Este texto invita así al lector, y en particular al clínico, a interrogar el lugar del odio en las relaciones humanas. Recuerda que el odio no es lo opuesto del amor, sino su reverso, su doble, su condición en ocasiones. Reconocerlo, pensarlo, elaborarlo, constituye una etapa fundamental del trabajo psicoanalítico. De lo contrario, corre el riesgo de volverse contra el propio sujeto, en una lógica donde la destrucción del otro se vuelve inseparable de la autodestrucción.