Pedro Jarque es portada de la revista alemana FOTOPRAXIS del mes de octubre con una entrevista de trece páginas.


 


 


LaTE. En ocho días. (21/10). ARTE & PSICOANÁLISIS. Interviene Yolanda Cogolludo con Cristina Jarque como Más uno (+1). Película ANTONIA.
La maldición que retorna
Cristina Jarque 
Hablaremos de la película Memorias de Antonia (Prime 1995) que nos permite abrir una reflexión. ¿Puede una maldición retornar? En esta historia, cuando el hombre abusa de la joven, Antonia lo enfrenta y le lanza una maldición, diciéndole que algún día, él sufrirá aquello que le ha hecho sufrir a la chica. Tiempo después, la maldición se cumple. Me pregunto: ¿Casualidad, destino o quizá, justicia del inconsciente? Cuando la justicia de los hombres falla, ¿puede el deseo de venganza encontrar otra vía para realizarse? En este caso, la palabra de Antonia funciona como una sentencia. Lo que parecía una maldición termina haciéndose realidad, como si el campo de lo inconsciente hubiera encontrado la manera de escribir su propia ley. En Freud, lo inconsciente desconoce el azar cuando algo insiste en retornar. Antonia parece saberlo: hay actos que dejan una marca y palabras que pueden adquirir el peso de un destino.

La Catrina y el enigma de la muerte (por Cristina Jarque).




La Catrina es una figura que dialoga con la muerte sin miedo, que la embellece y la humaniza. En su rostro pintado se mezclan la ironía, la melancolía y la dignidad. Celebra la vida en el mismo gesto con que abraza la muerte, recordando que morir no es desaparecer, sino transformarse. Su imagen ha cruzado fronteras y hoy se reconoce en todo el mundo como emblema del México profundo. La Catrina es el equilibrio entre Eros y Tánatos. En su mirada vacía hay una sabiduría antigua (la aceptación de la mortalidad) y, a la vez, una rebelión contra el olvido. Vestirse de Catrina no es disfrazarse de muerte, sino reconciliarse con ella. Es afirmar que la belleza puede brotar incluso del esqueleto, que la vida y la muerte son hermanas inseparables. En su texto Nuestra actitud hacia la muerte (1915), Freud escribió: “Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte.” Quizá por eso la Catrina conmueve tanto en cualquier lugar del mundo: porque detrás de su sonrisa de calavera late el misterio más humano de todos: el deseo de comprender el enigma de la muerte.

La Catrina (por Cristina Jarque).


 La Catrina nació de una calavera. Su origen se encuentra en las «calaveras» satíricas de José Guadalupe Posada, a finales del siglo XIX, y adquirió su nombre y su forma más conocida con Diego Rivera, quien la incorporó en su mural "Sueño de una tarde dominical" en la Alameda Central. La Catrina representa a una mujer elegantemente vestida cuya imagen nos recuerda que, detrás de las apariencias sociales, todos terminamos siendo iguales ante la muerte. La Catrina resulta fascinante porque pone en escena aquello que la cultura intenta ocultar: la muerte. Freud mostró que el inconsciente no conoce la muerte como una experiencia propia y que necesitamos representarla a través de imágenes, relatos y rituales. La calavera hace visible aquello que permanece velado. La Catrina aparece llena de adornos: lleva vestido, sombrero, flores, colores. La muerte se presenta bajo una imagen deseable. Quizá ahí encontremos algo profundamente psicoanalítico: el sujeto necesita vestir aquello que le resulta insoportable para poder mirarlo. La Catrina convierte la muerte en imagen, y al hacerlo nos permite jugar con ella, celebrarla y, por un instante, perderle el miedo.

Impune (por Cristina Jarque).

 Impune

Cristina Jarque

La serie mexicana El juicio (Prime, 2025), dirigida por Jorge Michel Grau, me ha dejado una sensación profundamente desagradable. Lo más absurdo aparece al final, cuando se invita a quienes hayan sufrido abusos a denunciarlos. ¿De verdad? ¿Denunciarlos ante quién? En el contexto de esta historia, la recomendación parece casi una broma de mal gusto. Carlos Huerta, el verdadero agresor, se va de rositas gracias al dinero y al poder de su familia, mientras unos jueces corruptos permiten que la justicia se desvíe. Andrea, la víctima, queda sin reparación y Gerardo, un joven inocente, termina en la cárcel. ¡Es inaudito! En esta serie, el culpable queda libre, la víctima queda marcada y el inocente carga con una culpa que no le corresponde. Cuando la ley falla, puede convertirse en una segunda escena traumática para quien ha sufrido el abuso. La serie termina recomendando denunciar, pero su propia historia nos deja una mueca amarga: ¿qué puede hacer una víctima cuando quienes deberían escucharla están comprados por el poder? El trauma también puede estar en descubrir que la justicia, en lugar de reparar, puede convertirse en otra forma de violencia.