Presentación de libros con Cristina Jarque en mayo en París

 Mayo en París. Nos damos cita en veinte días en París (20 de mayo). Allí, en el corazón de la ciudad, entre calles cargadas de historia y luces que nunca se apagan. Un mes de espera, y después, por fin, París… y nosotros.
Fratricidio, novela de Cristina Jarque.
Presentación en París (20 de mayo de 2026).
Quiero agradecer a Vannina Micheli-Rechtman por su invitación, así como a los colegas del Espace Analytique en París. También deseo expresar mi gratitud por la presencia de Claire Gillie y de Emmanouil Konstantopoulos.
Fratricidio es la segunda novela de orientación psicoanalítica que he escrito. La primera, Bulle d’amour, fue publicada en 2008. Para mí ha sido fundamental poder transmitir el psicoanálisis de manera accesible, y considero que estas dos novelas responden a ese objetivo.
Resulta especialmente interesante observar cómo los personajes que han tenido el deseo (y el privilegio) de emprender un tratamiento psicoanalítico ven poco a poco transformarse su vida. La escritura de estos relatos responde precisamente a esa intención: mostrar cómo el psicoanálisis permite al sujeto operar una rectificación subjetiva, en la medida en que logra reconocer el goce intrínsecamente implicado en los síntomas de los que se queja.
Fratricidio se presenta como una travesía clínica y literaria del vínculo entre hermanas, allí donde el amor originario se invierte en un odio feroz, hasta alcanzar lo que Lacan denomina con el término de “frerocidad”.

Mai à PARIS. On se donne rendez-vous dans vingt jours à Paris (20 mai). Là-bas, au cœur de la ville, entre les rues chargées d’histoire et les lumières qui ne s’éteignent jamais. Un mois à patienter, et puis enfin, Paris… et nous.
Fratricide, roman de Cristina Jarque.
Présentation à Paris (20 mai 2026).
Je tiens à remercier Vannina Micheli-Rechtman pour son invitation, ainsi que les collègues de l’Espace Analytique à Paris. Je souhaite également exprimer ma gratitude pour la présence de Claire Gillie et d’Emmanouil Konstantopoulos.
Fratricide est le deuxième roman d’orientation psychanalytique que j’ai écrit. Le premier, Bulle d’amour, a été publié en 2008. Pour moi, il a été fondamental de pouvoir transmettre la psychanalyse de manière accessible, et je considère que ces deux romans répondent à cet objectif.
Il est particulièrement intéressant d’observer comment les personnages qui ont eu le désir (et le privilège) d’entreprendre un traitement psychanalytique voient peu à peu leur vie se transformer. L’écriture de ces récits répond précisément à cette intention : montrer comment la psychanalyse permet au sujet d’opérer une rectification subjective, dans la mesure où il parvient à reconnaître la jouissance intrinsèquement impliquée dans les symptômes dont il se plaint.
Fratricide se présente comme une traversée clinique et littéraire du lien entre sœurs, là où l’amour originaire se renverse en haine féroce, jusqu’à atteindre ce que Lacan désigne par le terme de "frérocité".

 


 

 



 

Escición del yo en el proceso de defensa. Interviene Cristina Jarque


 

Arte & Psicoanálisis. Curso (2026-2027) con Cristina Jarque en función de +1 Más uno


 

Kintsugi: restaurar heridas por Cristina Jarque

 

Kintsugi: restaurar heridas.
Cristina Jarque
Como en el kintsugi, el psicoanálisis no oculta la fractura: la revela, la sigue, la escucha. Hay historias donde el corazón se fractura (por pérdida, traición o abandono) entonces hay que escuchar esa herida. Se trata de inscribir la grieta en la historia del sujeto. El oro, en esta metáfora, es la palabra. Una palabra trabajada, insistente, a veces dolorosa, que bordea lo indecible. En el dispositivo analítico, lo roto no se desecha: se articula. La herida deja de ser un agujero mudo para devenir trazo, marca, significante. De esa manera, el corazón no vuelve a ser el mismo (y en ello reside su potencia). Como la pieza reparada, deviene otra cosa: más singular, más verdadera. Cuando el corazón es escuchado, en algunos casos, los que llamamos casos afortunados, el corazón ya no está roto, sino que está, incluso más fortalecido, y más bello (como la cerámica del kingtsu) que antes de haberse fracturado.
 

 

El odio que restaura por Cristina Jarque

 

El odio que restaura.
Cristina Jarque
La película El extranjero (Filmin) inspirada en la obra de Albert Camus (dirigida por François Ozon) condensa en su escena final una verdad que, personalmente, me ha inspirado mucho. Es el hecho de que lo que salva a Meursault, es la irrupción de su propia rabia, el odio. Actualmente estoy muy interesada en trabajar esta pasión humana, sobre todo, porque la sociedad actual intenta enterrar el odio y enfocarse en el perdón. No obstante, en muchas ocasiones, vemos que negar el odio provoca que se retorne hacia el sujeto. Cuando Meursault estalla contra el cura, rechazando el consuelo impuesto, algo se rompe, pero al mismo tiempo se libera. En esa violencia verbal, en ese “no” radical, encuentra una forma inesperada de paz. Freud escribió: “Las emociones no expresadas nunca mueren. Son enterradas vivas y salen más tarde de peores formas”. Meursault, que ha vivido en una anestesia afectiva, descubre en ese arrebato final que la indiferencia no era ausencia de afecto, sino su represión. No sentía “nada” porque sentir implicaba entrar en el juego de los otros: la moral, la culpa, el sentido, la esperanza. Su famosa indiferencia es una posición frente al absurdo. Nada importa porque nada tiene un sentido previo. La muerte de su madre, el amor, el crimen: todo ocurre en el mismo plano opaco. Sin embargo, en el instante en que grita, en que rechaza la mentira del consuelo religioso, emerge un deseo: el de ser fiel a su propia verdad, aunque sea una verdad sin sentido. Esa rabia, ese odio, le da paz porque lo reconcilia con lo único que le pertenece: su experiencia. No hay redención, pero hay coherencia y por lo tanto, hay restauración. Por eso sonríe. En ese gesto final, Meursault deja de ser indiferente para volverse, por fin, radicalmente presente.




Lo absurdo del amor por Cristina Jarque

 

Lo absurdo del amor.
Cristina Jarque
La película Camus (2010) dirigida por Laurent Jaoui, nos habla del sufrimiento femenino. Las mujeres en la vida de Albert Camus están atravesadas por la espera, la incertidumbre y la fractura que deja la infidelidad. Hay en ellas una pulsión destructiva que parece coexistir en todas las mujeres que deciden amar a hombres cuya estructura hace límite entre la genialidad y la locura. Son hombres que no logran sostener a la mujer amada en el vínculo amoroso. Camus, que escribió sobre el absurdo de la existencia, parece encarnarlo en su propia vida afectiva. Sus relaciones se multiplican como intentos de escapar de un vacío que, paradójicamente, él mismo teoriza. Las mujeres quedan atrapadas en ese vaivén: deseadas, pero nunca elegidas del todo; presentes, pero siempre a punto de ser reemplazadas por otra promesa. El amor, en su universo en lugar de salvar, desgarra, enloquece y abisma. Freud dijo que nunca somos tan vulnerables como cuando amamos. En la vida de Camus, esa vulnerabilidad está presente, pero son ellas quienes cargan con el peso de la falta, mientras él se desplaza entre el deseo y la huida, entre la lucidez y la contradicción. Viendo la película y conociendo la muerte "absurda" de Camus (un accidente de coche a los 46 años) me ha surgido una pregunta: ¿es el amor lo que se vuelve absurdo en la vida de Camus, o es su incapacidad de amar lo que revela, en carne viva, lo absurdo de su existencia?
 

 

Envidia y suplicio por Cristina Jarque

 

Envidia y suplicio.
Cristina Jarque
La nueva adaptación de Cumbres Borrascosas (dirigida por Emerald Fennell, 2026) desplaza el eje del relato hacia una figura que da escalofríos: Nelly. Ella es la típica empleada cargada de resentimiento, es a todas luces, un alma herida que observa el amor entre Catherine y Heathcliff. Me surge la pregunta: ¿qué pasa cuando una mujer mira a un hombre (a quien ama secretamente) profundamente enamorado de otra? ¿Envidia?, ¿celos?, ¿despecho?, ¿rabia? Cuando Catherine pronuncia esa frase brutal: “tú nunca has querido a nadie y nadie te ha querido a ti”, provoca una herida que enciende en la criada una ira reveladora. Se nota que, tanto Catherine como Heathcliff lo intuyen. Si es así, ¿por qué permiten que la maldad de Nelly los destruya? ¿Es una necesidad de castigo que es superior a ellos? En Nelly se abre una grieta definitiva: la envidia emerge como una forma de saber oscuro: no puede participar de ese amor tan intenso, pero sí puede deformarlo para aniquilarlo.
La envidia de Nelly es peligrosa porque es silenciosa y persistente. Se infiltra en decisiones aparentemente prudentes, en consejos que parecen protectores, pero que, en el fondo, separan, distorsionan y enfrían. Por ello, el vínculo entre Catherine y Heathcliff sucumbe a las convenciones sociales y también a esa mirada que no soporta lo que no puede poseer. Freud lo expresó con una gran claridad: “La envidia es una de las fuerzas más poderosas de la vida psíquica”. En esta historia, esa fuerza observa el amor para erosionarlo desde dentro, hasta convertirlo en tragedia. Una pena. Se ne ocurre que quizá el psicoanálisis nos ayude a desenmascarar a las múltiples "Nellys" que hay en nuestras vidas.
 

 

Carol y la devastación masculina por Cristina Jarque.

 

Carol y la devastación masculina.
Cristina Jarque
La miniserie DTF St. Louis, escrita y dirigida por Steven Conrad, estrenada en 2026 en Movistar, utiliza el humor negro para mostrar algo muy trágico: la devastación psíquica producida por la mirada sobre el cuerpo y el deseo. Me ha parecido interesante que, en esta ocasión, se toque el tema desde la perspectiva masculina. La serie explora la humillación silenciosa de los cuerpos “gordos” masculinos, tema pocas veces tratado desde la vulnerabilidad del hombre. Floyd no sólo es rechazado sexualmente por Carol; siente que ha dejado de existir como objeto de deseo. El cuerpo masculino envejecido y fuera de los ideales eróticos contemporáneos aparece como un cuerpo expulsado del amor. En la lógica psíquica de Floyd, el rechazo de Carol equivale a una castración narcisista: ya no puede sostener una imagen viril de sí mismo. Por eso busca compulsivamente confirmación en aplicaciones sexuales, fantasmas voyeuristas y encuentros degradantes. No busca solamente sexo; busca recuperar una imagen soportable de sí mismo. Carol, por su parte, parece moverse en una dimensión más compleja que la simple figura de la “depredadora”. Ella rechaza a Floyd porque él encarna aquello que ella no soporta de sí misma: el fracaso, la mediocridad suburbana, la decadencia del deseo y la sensación de estar atrapada en una vida muerta. Floyd se convierte en espejo de su propio vacío. Desear a Clark (un hombre más seguro de sí mismo) le permite sostener la ilusión de seguir viva eróticamente. Sin embargo, Carol necesita mantener a Floyd cerca mientras lo destruye. Hay en ella una forma de crueldad pasiva: no abandona del todo al marido, sino que prolonga la humillación, convirtiéndolo en espectador de su propia degradación. Psíquicamente, esto recuerda ciertas dinámicas perversas donde el otro es usado como soporte narcisista y luego desechado cuando ya no garantiza excitación. La tragedia final muestra que nadie sale intacto del circuito del deseo convertido en mercancía. Floyd pierde el último sostén de su identidad masculina y Clark se queda solo, pierde a su familia. La serie sugiere que detrás de la promiscuidad contemporánea no siempre hay libertad, sino sujetos devastados que intentan llenar un vacío imposible. Me pregunto... ¿Fueron los celos de Carol el desencadenante? Ver ese maravilloso amor de amistad entre dos hombres, tan intenso, tan hermoso. 
 

 

La madre estrago (autora Cristina Jarque).


 

Fotografía de Pedro Jarque www.pedrojarque.com

 En este mes de mayo queremos rendir homenaje a todas las madres con esta entrañable fotografía de Pedro Jarque: una orangutana que acaba de dar a luz y abraza a su bebé con ternura, fuerza y amor.

 


 

Leer a Freud con Cristina Jarque en función de más uno (+1).


 
Próximo miércoles. LaTE. (13/05). El chiste y su relación con el inconsciente. Interviene Carmen Soto.
El chiste y el deseo.
Cristina Jarque
En el texto El chiste y su relación con el inconsciente (1905), Freud presenta el chiste como una vía privilegiada de acceso a los deseos reprimidos. El chiste, al igual que el sueño, opera mediante mecanismos como la condensación y el desplazamiento, y permite que contenidos inconscientes emerjan disfrazados bajo formas socialmente aceptables. El placer que provoca la risa surge como una economía psíquica en la que se libera energía ligada a la represión. Freud subraya que el chiste requiere de un otro (un oyente) para completarse, lo que introduce una dimensión social en la satisfacción pulsional. En este sentido, el chiste revela la estructura del inconsciente y también los límites que la cultura impone al deseo.
Ejemplo de chiste (por desplazamiento).
— Doctor, cada vez que tomo café me duele el ojo.
— Entonces quite la cucharita de la taza.
Este chiste funciona por un desplazamiento pues se espera que el problema sea el café, como si causara dolor. El giro aparece cuando el médico interpreta la causa de forma literal: la cucharita dentro de la taza golpea el ojo al beber. El chiste desplaza el sentido de una causa interna (el café) hacia una causa externa y concreta (la cucharita), y ahí puede surgir la sorpresa que provoca la risa.

El hambre del sufrimiento (Cristina Jarque).

El hambre del sufrimiento
Cristina Jarque
The Outsider, (2020, Movistar), está basada en la novela de Stephen King. Narra la aparición de un ente monstruoso que se alimenta del dolor humano. Me hizo pensar en la existencia de esos sujetos que encuentran placer en el sufrimiento ajeno e, incluso, en provocarlo. El término outsider significa literalmente “el de afuera”, el excluido, la otredad radical. Es aquello que parece ajeno pero que, en realidad, refleja una verdad compleja sobre la condición humana: la fascinación por el dolor. Aquí en España tuve la oportunidad de trabajar en un centro especializado en personas mayores y me encontré con una frase recurrente: “tengo mucho”. En un principio pensé que se referían a bienes materiales, pero pronto comprendí que hablaban del dolor. Lo que esas personas tenían “mucho” era sufrimiento. En ese momento supe que detrás de esas palabras existía una extraña fascinación por el dolor; incluso competían entre ellas para ver quién había sufrido más en la vida. The Outsider es una metáfora del sadismo cotidiano, de aquellos que devoran emocionalmente a los otros, que viven de la humillación, de la culpa o del miedo ajeno. Sigmund Freud escribió: “El sadismo consiste en una pulsión de dominio llevada hasta el extremo del dolor infligido al otro.” La frase ilumina la esencia de la serie: el horror no proviene solamente de la criatura, sino de la oscuridad humana que disfruta quebrando al semejante. Hay personas que, como el ente de The Outsider, parecen nutrirse de la angustia del otro para sostener su propia existencia vacía. En la serie, esta figura encarna aquello que la sociedad no quiere reconocer de sí misma: lo extraño, lo monstruoso, lo que habita en los márgenes, pero también en el interior de cada sujeto. El outsider es esa alteridad perturbadora, aquello que parece ajeno y, sin embargo, profundamente familiar. Lo siniestro freudiano.