Envidia y suplicio por Cristina Jarque

 

Envidia y suplicio.
Cristina Jarque
La nueva adaptación de Cumbres Borrascosas (dirigida por Emerald Fennell, 2026) desplaza el eje del relato hacia una figura que da escalofríos: Nelly. Ella es la típica empleada cargada de resentimiento, es a todas luces, un alma herida que observa el amor entre Catherine y Heathcliff. Me surge la pregunta: ¿qué pasa cuando una mujer mira a un hombre (a quien ama secretamente) profundamente enamorado de otra? ¿Envidia?, ¿celos?, ¿despecho?, ¿rabia? Cuando Catherine pronuncia esa frase brutal: “tú nunca has querido a nadie y nadie te ha querido a ti”, provoca una herida que enciende en la criada una ira reveladora. Se nota que, tanto Catherine como Heathcliff lo intuyen. Si es así, ¿por qué permiten que la maldad de Nelly los destruya? ¿Es una necesidad de castigo que es superior a ellos? En Nelly se abre una grieta definitiva: la envidia emerge como una forma de saber oscuro: no puede participar de ese amor tan intenso, pero sí puede deformarlo para aniquilarlo.
La envidia de Nelly es peligrosa porque es silenciosa y persistente. Se infiltra en decisiones aparentemente prudentes, en consejos que parecen protectores, pero que, en el fondo, separan, distorsionan y enfrían. Por ello, el vínculo entre Catherine y Heathcliff sucumbe a las convenciones sociales y también a esa mirada que no soporta lo que no puede poseer. Freud lo expresó con una gran claridad: “La envidia es una de las fuerzas más poderosas de la vida psíquica”. En esta historia, esa fuerza observa el amor para erosionarlo desde dentro, hasta convertirlo en tragedia. Una pena. Se ne ocurre que quizá el psicoanálisis nos ayude a desenmascarar a las múltiples "Nellys" que hay en nuestras vidas.
 

 

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