El deseo de ser otra.
Cristina Jarque
La película chilena El lugar de la otra, dirigida por Maite Alberdi (Netflix 2024) está basada en un hecho real: el asesinato que cometió María Carolina Geel. Estamos ante la construcción de la figura del “fantasma de la otra mujer”. En este caso, no es solo la rival, sino una posibilidad reprimida del propio ser femenino. La otra no está fuera, más bien, habita en la grieta íntima de la subjetividad, como doble, como deseo no reconocido, como vida no vivida, como búsqueda de la libertad. La causa del asesinato nunca se resolvió. Quedó como un enigma: ¿Fue un crimen pasional, un gesto de apropiación radical? Freud, al reflexionar sobre la agresividad en la feminidad, señala: “La mujer, en ciertas condiciones, puede volverse tan cruel como el hombre, pero su crueldad se inscribe más profundamente en la vida amorosa”. Esa crueldad no es exterior: es íntima, silenciosa, ligada al amor, a la identificación y a la pérdida. Recordemos que para la posición femenina la angustia de castración es la pérdida del amor. Lo más perturbador es que tanto la asesina como la secretaria encuentran, paradójicamente, un espacio de libertad. La primera, en el encierro del manicomio, se desprende del orden social que la oprimía y accede a una forma radical de existencia propia. Allí escribe su libro cárcel de mujeres. La secretaria, en el apartamento de la asesina, ocupa ese lugar vacío y comienza a hacer fotografía, poco a poco, como en un tratamiento psicoanalítico, ella empieza a devenir otra. Surge la creación: una nace en la locura, la otra en la usurpación. La película sugiere que el lugar de la otra, en este caso, se habita como un espectro, como una fisura desde donde, surge la voz de una mujer que antes del suceso, era invisible.

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