Goce mudo
Cristina Jarque
Dans ma peau (dir. Marina de Van, 2002) presenta la historia de una mujer aparentemente feliz (con pareja, trabajo y belleza) cuya vida parece encajar perfectamente en el ideal social, pero se precipita sin causa aparente hacia la automutilación tras una herida en la pierna. Ese accidente funciona como revelación: el cuerpo, hasta entonces transparente, deviene objeto de extrañeza. Algo se desanuda. La protagonista inicia una relación extraña con su cuerpo, lo mira, lo explora, lo abre. Se instala una escisión: disociación entre sujeto y carne, entre imagen social y experiencia íntima. ¿Por que se automutila? Desde una lectura psicoanalítica, podría pensarse que no es que “algo pasó” en el presente, sino que algo que no estaba simbolizado retorna en lo real. El accidente rompe la ilusión de unidad narcisista: la piel (límite) se abre, y con ella emerge una pulsión que no encuentra inscripción simbólica. No hay relato, no hay trauma consciente, pero sí un goce que invade el cuerpo. La automutilación aparece como búsqueda de algo. En un mundo demasiado “correcto”, el cuerpo deviene el último territorio de lo real, de lo no domesticado. Por eso la pulsión no calma: se intensifica, como una adicción. No hay límite, el goce mortífero se instala y deviene devoración. Es una forma extrema de incorporación, devorarse a sí misma. No se trata de sobrevivir, sino de habitar la propia carne hasta su destrucción. El retorno de lo real es una irrupción sin sentido, sin nombre, sin historia. Algo que estaba fuera de discurso y que, de pronto, encuentra en el cuerpo un modo de decirse.

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