LA OTRA MEJILLA (Coloquio de la FEP en Madrid)



Soledad de Castro
“Su mano derecha jugaba con una fusta, y su pie, desnudo, reposaba descuidado sobre un hombre, tendido ante ella como un esclavo o un perro; y este hombre, de rasgos acentuados, en los que se leía una profunda tristeza y una devoción apasionada, alzaba hacia ella los ojos de un mártir, exaltado y ardiente”.
Tomada del primer capítulo de la obra La Venus de las Pieles de Sacher Masoch, describe una escena de la inicialmente llamada “algolagnia pasiva”, que más tarde se denominó masoquismo. Sin embargo, no es este tipo de masoquismo, asociado al erotismo y al placer sexual, el único al que haremos referencia, ya que, el deseo y búsqueda del sufrimiento del masoquista van mas allá del componente erótico, y articulan aspectos subjetivos e intersubjetivos del sujeto.
En la trayectoria de investigación y teorización freudiana, el masoquismo pasa de ser secundario al sadismo, un subproducto de éste, a adquirir un desarrollo y una entidad propios. Aunque no por ello dejan ambos de ser complementarios, al igual que ocurre con el exhibicionismo y el voyeurismo, pues esta polaridad activo-pasivo es una característica de la vida sexual. En definitiva, dolor y placer quedan soldados confusamente en una misma pulsión. De este modo, el dolor deja de ser una señal de alarma imprescindible para la supervivencia y el bienestar físico y psíquico, y se convierte en vía y fin del goce.  Como señala Freud, el masoquismo aparece como un peligro en relación con el principio del placer: “el guardián de nuestra vida anímica habría sido narcotizado”.
El acercamiento al masoquismo implica la pregunta esencial de bajo qué dinámica el sujeto ha incorporado el sufrimiento a su experiencia subjetiva como algo satisfactorio, cómo ha quedado inscrito el dolor dentro del goce, y cómo su relación con la sexualidad, consigo mismo y con los demás ha quedado anclada en la búsqueda del padecimiento físico o psiquico. Esta doble vertiente masoquista, la erótica y la moral,  no sólo estaba presente en los primeros trabajos del psicoanálisis, sino que se mantiene como puntos centrales del estudio de esta perversión en los autores actuales.

LA ANGUSTIA FUELLE DEL DESEO (Coloquio de la FEP en Madrid)



Rosa Navarro

“discurso sobre una praxis que merece el nombre de erotología”
Poco después de la lectura del seminario de la angustia, cayó en mis manos una novela de Stefan Zweig, “La impaciencia del corazón”, que me impresionó por su exquisita narración sobre lo insondable de lo humano, evocando en mí el tema de la angustia.
Antes de entrar en esta historia me gustaría decir que la angustia prueba que existe una división del sujeto, ya que es el afecto primero que resulta de esta división, a la que Lacan se refiere, de una manera más poética, al menos para mí, como “rotura íntima”. Existir como sujeto pasa por esta rotura de sí mismo, por una separación del propio cuerpo investido.
Para este afecto primero y único, puesto que no engaña, no hay significación, ni representación, ni sentido, soloel vacío de causa para nuestra existencia, el vacío de la división subjetiva, división que se pone de manifiesto cuando la angustia surge como tal.
Hablar de  la angustia es plantear la cuestión del deseo, es lo que Lacan explícita cuando dice que el drama del deseo quedaría opaco si la angustia no estuviese ahí para permitirnos revelar su sentido y desvelar su verdad. Podríamos decir también que es el afecto testimonio de la represión originaria, represión de la que resulta el deseo, para existir el sujeto reprime el deseo del Otro que le determina.

UNA LECTURA A LA DIVERSION (Coloquio de la FEP en Madrid)



Juan Carlos Muñoz Bojalil


                                                                                     Quizá la tarea del que ama a los hombres consista                                                                                                               en lograr que éstos se rían de la verdad, lograr que                                                                                                             la verdad ría, porque la única verdad consiste en                                                                                                     aprender a liberarnos de la insana pasión por la                                                                                                                verdad.
                                                                                                                   U. Eco, "El nombre de la rosa" pp463. 1988, Edit                                                                                                                              Lumen, barcelona, España..



Poder hablar de algo tan común como sorprendente a la vez, fue lo que más me llamó la atención de la diversión; que dicho sea de paso, puede parecer tan banal que poca importancia tiene para el discurso científico, ya que todavía es tomada como distracción o pasatiempo, pero aún nada serio como objeto de discurso,  y en esa dirección quiero iniciar este texto citando a Blaise Pascal (1623-1662) desde sus Pensamientos, cuando queda escrito que ésta es (el) "medio del que se sirve el hombre para sustraerse al conocimiento de la propia desdicha y, por lo tanto incluyó en la diversión, a los trabajos y a las ocupaciones habituales". l
            Creo que la diversión puede ser leída desde varias perspectivas, y de estas la que particularmente me interesa problematizar, es esa que se produce a partir de la fractura de la aparente continuidad del tiempo, apareciendo repentina como fugazmente en el discurso, generado por Las Gracias que salen a relucir para sorprendernos con todo su esplendor, es decir, no hay quien quede incólume de tal acto, quizá por esa sea una de las razones, que es difícil  divertirnos de manera constante o intermitentemente; amén de al menos una mínima alternancia; para que la diferencia opere como inspiración y expiración... expresión ésta, donde no hizo falta ningún juego de palabras, pues la di-versión estaría a partir de la lectura, como de cada lector.  
            La diversión podría ocurrir, a pesar de que existan condiciones para su producción digámoslo artificialmente,  pues la diversión que nos importaría aquí, no sería esa que se produce necesariamente por designación, como puede acontecer por ejemplo, con el teatro de comedia, cabarets o burlesque, como algunos performances de especularidad social, pues parece que nos divertimos de maneras tan establecidas o reguladas por el Otro, que sólo falta detenernos un poco para inspirar y preguntar(se) si esa mostración regulada sólo es una forma de expirar tensión y/o podría detenerse al menos un momento como nos relata Albert Camus respecto a Sísifo, para problematizarse antes de que su piedra rodante retorne a su supuesto origen, pendiente abajo, para preguntarse cómo soltar-se de ésa, su carga repetitiva como insulsa, y poder por fin entonces esbozar una sonrisa, que no podría no llevar un tinte de ironía, pero sonrisa al fin, y así, al menos cierta diversión, regulada por su inspiración, su pregunta y su deseo, y así poder volver a subir entonces desde otra posición, la subjetiva, con otra piedra, la suya, no la que el Otro le designó, sino que ésa otra piedra bien podría ser su cuerpo, su yo-piel o ego, como eso que no podemos dejar sin problematizar de nuestra existencia e identidad, desde cada quien. 

LA PERVERSION ENTRE NÉVROSE ET PSYCHOSE (Colloque de la FEP à Madrid)



Hèlène Godefroy
De mon point de vue, la perversion n’est pas une structure. Ce n’est pas à une troisième possibilité d’agencement psychique, qui se distinguerait de la névrose ou de la psychose.
A partir du point nodal qu’est le complexe d’Œdipe (sachant que le complexe d’Œdipe est un invariant incontournable pour toute structure {-> la clinique n’arrête pas de nous le démontrer}), à partir de ce point nodal qui se présente toujours à un moment donné du développement psychique de l’enfant, => l’enfant pris dans la sphère maternelle, -> soit il parvient à saisir qu’il y a un père (un père garant d’une fonction -> garant évidemment selon son degré de consistance). Soit, l’enfant ne parvient pas à saisir qu’il y a un père (en tout cas une fonction paternelle opérationnelle).
Donc, soit le développement du sujet, dans son circuit, intercepte l’idée du Phallus comme objet de désir qui s’obtient de l’extérieur, et donc prend la voie de l’agencement névrotique. Soit la recherche de cet Autre (médiateur du désir), (supposé avoir l’objet phallique), reste indéfiniment forclose ; et, dans ce cas : ça glisse vers la psychose.
Dans le développement psychique de l’enfant, je ne pense pas qu’il y ait une structure psychique spécifique, qui soit « entre-les-deux » ; et qui se bâtirait sur la base d’une sorte de « forclusion locale », correspondant au déni de la castration ! Le déni de la castration : pour tout sujet (la fille comme le garçon) est toujours l’angoisse d’imaginer que la castration est réelle… . Or, ce déni de la castration concerne forcément toutes les structures. Elle n’est pas l’exclusivité d’une 3° structure, qui pourrait être à proprement dite : « La perversion ».
Si la perversion a effectivement avoir avec le déni de la castration, au sens où le sujet (sur certains terrains fantasmatiques) jouit de contourner la Loi du père, il me semble logique que toutes les structures (certes, avec différents gradians) possèdent forcément leur part de perversion. D’ailleurs, dans toutes les cures, grâce au transfert dont on est l’objet, on peut témoigner de ces moments pervers quelque soit la structure !

A PROPOS DE LA TRAVERSÉE DU FANTASME (Mesa Redonda de Lapsus de Toledo en Madrid)



Gérard Pommier
La «  traversée du fantasme » est une expression que Lacan n’a employé qu’une seule fois, et qui a eu le succès que vous savez, assez étonnant, il faut le dire. En faisant un effort, on peut essayer de comprendre la « traversée  du fantasme » en s’appuyant sur le mathème de Lacan $◊a, petit a étant un objet. En ce cas, si le sujet s’identifie à l’objet, en effet, il traverse le fantasme. Mais l’identification à l’objet ce n’est jamais qu’un rêve du sujet, de ce qui est au fond sa déréliction ordinaire existentielle, sans rien de spécifique, ni de la fin de l’analyse, ni du désir de l’analyste. Il arrive souvent que des analysants rêvent qu’ils sont une merde, mais c’est quand même eux qui le rêvent, en tant que sujet. On peut donc avoir l’idée concernant la traversée du fantasme, que cette fin de l’analyse avec identification à l’objet, c’est le rêve du sujet de se défausser de son désir. C’est ici qu’il faut déjà se poser une question : qu’est-ce que « l’objet », sinon le sujet lui-même qui veut s’échapper en s’objectivant ? Il y a bien une part du sujet qui veut en finir avec sa propre subjectivité : c’est l’avènement de sa propre pulsion de mort, non pas celle qui vient de l’Autre : c’est le diktat du désir qui veut en finir avec lui-même, qui voudrait bien en terminer avec ce qui cause le désir. Il y a donc une inanité de principe de l’objet. Pour le dire de manière imagée, l’objet, c’est la loque de moi-même tout à fait inanalysable, à laquelle je ne m’identifierai jamais, car seul un sujet s’identifie.