¿POR QUÉ DICE LACAN QUE LA PULSIÓN NO ES LA PERVERSIÓN? (Coloquio de la FEP en Madrid)



Alma Barrera

En Tres ensayos de una teoría sexual, Freud analiza la sexualidad en las perversiones indicando que hay un carácter anómalo en la sexualidad del ser humano, establece una ruptura entre la sexualidad del animal y la humana e indica que la sexualidad en buena medida está desligada de la función reproductora y que, en ésta no hay ninguna posibilidad de complementariedad.  La razón fundamental se debe a que la sexualidad en el ser humano, un ser hablante, está inscrita en el campo del lenguaje desde su nacimiento.  Debido a ello, el lenguaje trastorna todas las necesidades biológicas cerrando el camino a una satisfacción enteramente natural.  Es decir, el lenguaje, en tanto que pre-existe a todas las necesidades, se somete inevitablemente al registro de la palabra, que se muestra en la demanda.
La demanda implica que toda palabra tenga como efecto una pérdida de satisfacción respecto a la necesidad, esta pérdida depende del todo de su carácter siempre equivoco, en la medida en que, el significante puede significar algo más. No hay un lazo univoco entre el significante y el significado ya que, la simple articulación de la palabra, produce una discordia entre estos. El significante no es idéntico a su significado, ya que no puede significarse a sí mismo, por tanto, hay una estructura de discordia fundamental que establece como Ley: eso jamás. El significado, por su parte, se desliza bajo el significante para significar otra cosa: pero aún así. Aquí se ubica la causa del fracaso de la demanda, fracaso que resulta de la no división del sujeto entre lo enunciado, lo que demanda, y la enunciación, lo que está más allá.
En subversión del sujeto y dialéctica del deseo...” Lacan dirá que “el deseo se esboza en el margen donde la demanda se desgarra de la necesidad: margen que es el que la demanda, cuyo llamado no puede ser incondicional sino dirigido al Otro”[1]. En el punto donde la demanda fracasa surge el deseo que no es sino la huella, la marca, de una perdida de satisfacción. A partir de esto, se puede decir que el deseo se articula no sólo con aquel resto insatisfecho que se produce, lugar donde el sujeto queda dividido por la imposibilidad de una satisfacción; sino también, por otra parte, con una parte de la estructura del lenguaje que se designa como lo imposible de decir, el goce. 

CLÍNICA DE UNA PERVERSA ANGUSTIA. 14 DE FEBRERO, EL DÍA DE LOS ENAMORADOS (Coloquio de la FEP en Madrid)



Soledad Godano

El tema de las perversiones me ha resultado tan enigmático como complejo. En la clínica, nos encontramos diariamente a muchos neuróticos; las obsesiones y las histerias se mezclan, se confunden y campan a sus anchas en las consultas: las estructuras básicas se desdibujan en los tiempos edípicos, y la sintomatología de unos y otros nos hacen bailar a su son a través del discurso.
Podemos constatar y recabar un gran muestrario de prácticas sexuales muy diversas, inclusas algunas consideradas perversas (dependiendo de quién las considere, y desde qué punto de vista lo haga), pero al hablar de perversión en tanto estructura, nos encontramos con un panorama bien diferente, puesto que el perverso no suele llegar a la consulta. (Supongo que ese será el motivo por lo que me resultó tan complicado escribir sobre él).
La teoría analíticaes muy compleja y abstracta y el ejercicio de darle forma con la clínica resulta mucho más complicado cuando no podemos ponerles nombre y apellido.
Como decía, la perversión ha tenido muchas lecturas partiendo desde la historia de la psiquiatría, o de la utilización de la palabra “perverso” que incluye para muchos  una categorización moral, por aludir a la perversidad, a la maldad, a la desviación de lo que entendemos por sano o normal (siendo tan inapropiada la utilización de una norma para conocer a un sujeto).
En 1905, con sus Tres ensayos para una teoría sexual, Freud convulsiona a la sociedad vienesa al introducir el concepto de perverso polimorfo refiriéndose a él para explicar  la sexualidad infantil pregenital. Aún entendemos desde entonces, la conceptualización de la perversión como todas aquellas conductas sexuales que se desvíen del fin de la procreación, y que llevan a los seres humanos a obtener satisfacción.Lacan en cambio,nos lleva por diferentes explicaciones, según si lo leemos en el IVº, Vº o Xº seminario. Sus referencias y teorías en torno a la angustia, el tiempo edípico; su relación con el goce del Otro y finalmente su conceptualización del objeto a nos guían hasta llegar a la perversión como tercer gran estructura nosográfica de posicionamiento subjetivo: nos quedaríamos entonces con la psicosis, la neurosis y la perversión. 

EL FRACASO DEL OBJETO a EN LA PERVERSIÓN (Coloquio de la FEP en Madrid)




Hans Saettele
0. Punto de partida
En el seminario 20, Lacan dice acerca del estatuto del objeto a en el ser: “el objeto-causa de deseo es aparentemente algo pero se resuelve sólo por su fracaso, por no poder sostenerse en el abordaje de lo real”.[1] Un año antes había propuesto el término “fracaso fundador”: “Decir ‘saber no iniciático’ es decir saber que se enseña por vías que no son las directas del goce. Todas estas están condicionadas por el fracaso fundador del goce sexual, quiero decir, de aquel por el cual el goce constitutivo del ser hablante se separa y se aparta del goce sexual.”[2] Quiero tomar estas frases como punto de partida para interrogar nuevamente la cuestión de la perversión.
1.  La “vía directa”
Los fracasos típicos, como la eyaculación precoz, ligados a la articulación de la excitación con lo fálico, son siempre fuente de angustia. En ellos, la colusión entre dos regímenes de excitación[3] en el pasaje del acto sexual significan un fracaso en el sentido de un accidente. El perverso, en cambio, no fracasa. ¿Por qué? En el seminario 11, Lacan afirma: “Le pervers, … , est celui qui, en court-circuit, plus directement qu’aucun autre, réussit son coup, en intégrant le plus profondément sa fonction de sujet à son existence de désir.”[4]
El corto-circuito tiene como condición un saber hacer, el saber iniciático. Esto produce una articulación entre deseo y demanda que es diferente de la neurosis: “Si en el neurótico el deseo está en el horizonte de todas sus demandas largamente desplegadas y literalmente interminables, se puede decir que el deseo del perverso está en el corazón de todas sus demandas”, dice Lacan en el seminario 6.[5]
La posición cínica opone el “éxito” del perverso al “fracaso” del neurótico. Posición insostenible, porque la positivización del falo que permite mantener a distancia la angustia, tiene características diferentes en la neurosis. Como dice Roland Chemama, “el sujeto fóbico no se consagra… a la ilusión de un acceso directo al goce al que se engancha el perverso. Está dispuesto a pasar de atribuir el falo a todos a considerar que finalmente no es gran cosa.”[6] El perverso, en cambio, se consagra a la “restauración en cierta manera primera, a la restitución, al campo del Otro, del a, restauración por la cual el sujeto pretende proveer al Otro de algo que colme, que reemplace la falta fálica.”[7] El resultado es la idealización de la pulsión misma que le permite al perverso ocupar el lugar de “liberador”: posición paradojal, porque en el fondo, se rebaja a la excitación “común”, y al mismo tiempo “se eleva a las nubes, haciendo de la excitación un objeto de ideal transgresivo que la metamorfosea.”[8]

PERVERSIONES, ANGUSTIA Y MATERNIDAD (Coloquio de la FEP en Madrid)



Estrella Fernández Romeralo
                                                                                              
El perverso se mofa de la angustia del neurótico. Donde el neurótico se angustia, el perverso confirma su poder, despliega su fuerza frente a un sujeto que acaba de ser pillado. El angustiado observa hipnotizado esa mirada libre de angustia que le devuelve la certeza de que sí se puede gozar allí donde él no lo logra. Presa de su angustia, mira gozoso al perverso y se pregunta ¿cómo lo hace? Al precio de su carne volverá allí una y otra vez, a ver si en esta ocasión consigue la respuesta: la clave del acceso a ese goce.
            Y la curiosidad mató al gato. Proveniente de la originaria frase inglesa “Care kills a cat”, su uso, que data del siglo XVI, se vincula al campo de la medicina. Rememorando los movimientos más cautelosos felinos, alude a que la excesiva prudencia, inquietud o preocupación puede tener consecuencias perjudiciales para la salud. Así, la frase original daba aviso de que una enorme cautela mató al gato. Con el tiempo, el dicho evolucionó cambiando la palabra “care” por “curiosity”, haciendo apelación a otra cualidad felina. Mas, ¿cuándo la cautela fue sustituida por, o mudó en, curiosidad? En el propio ejercicio de seguir interrogándonos, buscamos respuestas posibles. ¿Qué pudo superar a la excesiva cautela en peligrosidad para el sujeto?
            Lacan señaló que el camino al conocimiento de la pasión humana no es otro que el de la perversión. Robin William decía por boca del profesor Keating del Club de los poetas muertos que “hay un momento para el valor, y otro para la prudencia. El que es inteligente, sabe distinguirlos”. Sin embargo, ¿quién no se ha sentido en alguna ocasión más seguro de sí mismo de lo que la situación recomendaba? Quién quiere saber, tendrá que andar el camino. Al fin y al cabo, es mejor perderse en la pasión que perderse la pasión, decía Jean-Claude Aguerre en las Jornadas celebradas en Toledo en 2013. 

LARGUER LES AMARRES SANS BOUSSOLE (Colloque de la FEP à Madrid)


Arlette Pellé
 Avec quelle boussole interroger la perversion aujourd’hui ?
Il est possible qu’aujourd’hui la perversion se glisse avec plus de fracas dans la société  du fait de la chute des semblants paternels et de ses insignes Autorité, Maître, Père qui entraîne souvent la confusion entre la chute du patriarcat et celle du symbolique. S’il n’y a plus de récit mythique ou de texte sacré pour pacifier le réel,  garant d’un Autre qui répond aux énigmes et aux questions du sujet, celui-ci va devoir apporter lui-même une réponse, ce qu’on appelle inventer ou créer le sens de sa vie. Mais comment un sujet pourrait-il nouer sa singularité au lien social, leréel au symbolique ?
Dans la névrose, un sujet répond au réel par un mythe, une fiction pour tenter de le faire reconnaître par le symbolique, alors que dans la perversion le réel délié du symbolique joue sa partie pour le compte d’une jouissance hors castration. La perversion répond à l’impossible de la jouissance pleine par la mise en scène d’un fantasme qui prouverait que cette jouissance est possible.