Sororidad traicionada
Cristina Jarque
La sororidad suele invocarse como un ideal ético entre mujeres, es decir, una promesa de alianza, de cuidado y de reconocimiento mutuo frente a la violencia. Sin embargo, el psicoanálisis nos recuerda que ningún lazo está exento de ambivalencia. Allí donde se supone una solidaridad natural, también puede anidar la rivalidad más feroz. La serie HIS & HERS se sitúa precisamente en ese punto de fractura: el momento en que la sororidad se traiciona, no por accidente, sino por la irrupción de la envidia y del deseo de ocupar el lugar del otro. Freud abordó la envidia femenina de manera polémica en "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos" (1925), al señalar que la envidia no se reduce a la falta, sino que puede devenir resentimiento estructural cuando el sujeto se confronta con lo que percibe como una injusticia irreparable. Lectura recomendada "El amor y la envidia" (de Cristina Jarque). La envidia no apunta tanto al objeto en sí como al lugar simbólico que el otro encarna. En His & Hers, la rivalidad entre mujeres se organiza precisamente en torno a ese lugar (ser deseada, ser protegida, ser amada). No se envidia solo lo que la otra tiene, sino lo que la otra es para el Otro. Es una envidia radical que no se vaya en querer lo que la otra mujer tiene, sino en querer ser ella. Esta envidia se centra en el enigma del goce femenino y la posición que ocupa la mujer envidiada. La pregunta de la envidiosa es: ¿Cómo hace ella para que la amen (la deseen, la protejan) de esa manera tan sin fisuras? ¿Cómo hace ella para ser la diosa de su hombre? La serie despliega una guerra silenciosa cuyo origen se centra en la rivalidad de cuatro amigas, tres de las cuales, acosan (bullying) desde el instituto. La perversidad aparece como sadismo explícito y representa un goce que pasa por el daño directo. En este punto, la sororidad se revela como una puesta en escena frágil, fácilmente capturada por la lógica narcisista. Cuando el lazo entre mujeres se sostiene sobre la comparación, la pulsión de muerte aparece implacable. En el centro de esta historia emerge la figura materna, clave para leer la deriva ética de la serie. La madre encarna una protección sin límites, una forma de amor que no acepta la mediación de la ley. Esta madre sorprende porque en nombre de la hija, se autoriza a decidir, a encubrir y a castigar. Freud ya advertía que el amor de la madre puede devenir posesivo cuando no tolera la separación. En HIS & HERS, esta maternidad omnipotente nos deja sin aliento. La serie expone con crudeza que la traición a la sororidad no es un fallo individual, sino un síntoma del modo en que el deseo, la envidia y el amor se entrelazan. Cuando la ley simbólica se debilita, la rivalidad se intensifica y surge la impotencia ante la injusticia. La historia nos muestra a las mujeres en su complejidad pulsional.

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