Mirar duele (por Cristina Jarque)


 

Mirar duele
Cristina Jarque
La casa de Jack (Filmin 2018) dirigida por Lars von Trier nos habla del fracaso radical de una construcción subjetiva. Jack quiere edificar una casa perfecta pero no puede, así que, en su lugar construye asesinatos. El cuerpo de los muertos son los ladrillos de su casa. La crueldad en Jack es demostración. La escena del pato me perturbó mucho, sobre todo porque actualmente, los patos están muy presentes en mi vida. Jack corta la pata del pato por una lógica perversa de “prueba”. ¿Qué quiere comprobar? Quizá hasta dónde puede destruir o cuánto dolor puede provocar. Pero quizá, y sobre todo, si el otro sigue funcionando aun mutilado. El pato que intenta nadar sin una pata es una imagen clave. En una entrevista Von Trier comentó que esa escena muestra cómo piensa Jack. Para él, el otro no es un sujeto, es un objeto experimental. Esa crueldad señala algo preciso: que Jack no reconoce la alteridad. No hay empatía porque no hay inscripción del otro como semejante. El pato no es un animal vivo; es un mecanismo al que se le quita una pieza para ver qué pasa. Exactamente lo mismo hará después con las personas. La escena también funciona como metáfora del propio Jack:
él mismo está “amputado” simbólicamente. Le falta algo fundamental (el límite, la ley interna, el significante del nombre del padre) y, sin embargo, sigue funcionando. Camina, actúa, habla, mata. Como el pato: avanza, pero de forma grotesca, imposible, sin equilibrio. Quizá por eso la película me ha resultado tan cruel, porque no hay descarga emocional, no hay música que consuele, no hay mirada que proteja, no hay amor que redima. La crueldad es seca, clínica, casi didáctica. Von Trier obliga al espectador a ocupar un lugar incómodo: el de quien mira sin poder intervenir. Y ahí aparece la verdadera violencia, que no es solo lo que Jack hace, sino lo que vemos y seguimos viendo. Jack corta la pata del pato (después serán los senos de Jacqueline) porque necesita demostrar que la vida puede seguir incluso cuando se la mutila. Quizá, esa es la tesis más insoportable de la película:
que hay sujetos capaces de vivir sin lo que nos hace humanos… y que eso no los detiene. Por eso duele tanto mirar.

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