Resistir lo insoportable (por Cristina Jarque)

 

Resistir lo insoportable
Cristina Jarque
Regreso a Hope Gap (acontra+ 2019) nos pone en contacto con el triángulo amoroso y el fantasma de la otra mujer. Grace encarna una figura trágica y cotidiana a la vez: la esposa que no puede reconocer que el amor ha terminado porque admitirlo implicaría aceptar una pérdida que no es solo del marido, sino de sí misma. Edward se ha enamorado de otra mujer, Angela, pero para Grace esa verdad resulta psíquicamente insoportable. No se trata únicamente de celos ni de humillación, sino de una imposibilidad estructural: si Edward ama a otra, entonces toda la vida compartida queda reescrita como error, como ilusión retrospectiva. Y eso, para Grace, es intolerable. La incapacidad de Grace para aceptar que su marido se vaya con otra mujer no es simple obstinación. Es una defensa desesperada frente al derrumbe de una identidad construida alrededor del matrimonio. Edward no puede irse porque, si lo hace, deja a Grace frente a un vacío, que ella, no sabe habitar. Cuando Grace le pregunta por qué "le robó al marido" Angela responde: “Pensé que antes sufrían tres personas y ahora solo sufre una”. La frase es brutal porque revela una ética del deseo sin consuelo. El sufrimiento no desaparece, solo se redistribuye. Y Grace es quien queda sola cargándolo. La película muestra con precisión cómo Grace queda fijada en una posición infantil del amor: la del “todo o nada”. No hay para ella un después posible, ni una recomposición simbólica. El abandono no es una separación, es una aniquilación. Por eso su dolor se vuelve ruidoso, demandante, casi obsceno: necesita que Edward vea lo que le ha hecho, que pague, que regrese, que niegue su deseo por otra. Pero el deseo no obedece al deber. Este desamparo alcanza su punto más crudo en la conversación entre madre e hijo en la playa. Grace confiesa su deseo de suicidarse, no como amenaza, sino como rendición. La vida, tal como se le presenta ahora, es demasiado. Y entonces el hijo le responde con una frase que condensa una ética mínima, casi heroica: “Enséñame a resistir lo insoportable de la vida”. No le pide felicidad, ni sentido, ni reparación. Le pide resistencia. Permanecer. Aceptar que vivir implica, a veces, soportar lo que no se puede transformar. En ese instante, los roles se invierten: el hijo se convierte en sostén simbólico de una madre que ya no puede sostenerse sola. Desde una lectura freudiana, la figura de “la otra mujer” toca siempre un punto importante en el fantasma femenino. "¿Qué tiene ella que no tengo yo?". "¿Por qué él me deja por ella"? "¿Por qué él la ama a ella?" El triángulo amoroso tiene su origen en el triángulo edípico y la pregunta siempre es una demanda de amor. Es el ¿Qué me quiere? de Lacan. En algunas mujeres (como Grace) perder el amor de la pareja es devastador. Esta historia nos pone de frente con las enseñanzas del psicoanálisis ya que, no ofrece consuelo, tampoco idealiza la dignidad del abandono ni romantiza el sufrimiento. Nos muestra, con gran honestidad, que hay separaciones que no liberan, sino que dejan al sujeto frente a la tarea más ardua de todas: seguir viviendo cuando el amor que organizaba la vida ya no está. Y aprender (como el hijo le pide a la madre) a resistir lo insoportable.


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