La madre invasiva (por Cristina Jarque).

 

La madre invasiva.
Cristina Jarque
La película Hortense de 2018 (Filmin) se inscribe en la tradición del cine francés que explora el lado oscuro del vínculo materno. La madre aparece como una figura invasiva, incapaz de reconocer a la hija como sujeto. La hija vive bajo la mirada constante de una madre que controla, corrige y decide. No es cuidado, sino dominio; no es amor, sino una forma de goce que necesita de la dependencia del otro. En mi libro La madre estrago hay una frase interesante: "La madre que no soporta la falta convierte al hijo en objeto de su propia completud". Esta frase atraviesa toda la película. La madre no tolera la separación, y en ese intento de abolirla, borra progresivamente a la hija. En esta historia hay una escena traumática en la piscina que es el origen del problema de esta madre estrago. Ese instante introduce lo real de la pérdida. A partir de ahí, la culpa no se elabora, sino que devora. La madre queda fijada a ese momento, repitiéndolo sin cesar, incapaz de simbolizar lo que pasó. La hija persiste como presencia fantasmática, como reproche imposible de acallar. La locura es la radicalización de esa imposibilidad de separación. La historia de Hortense muestra que cuando la madre no puede admitir la alteridad del hijo, el vínculo se vuelve mortífero, y la culpa encierra al sujeto en una repetición sin salida.
 

 

La herida de ser negado (por Cristina Jarque).

 

La herida de ser negado.
Cristina Jarque
¿Ha sentido usted que alguien lo ha negado? ¿Se ha sentido usted traicionado? Sabemos que Pedro niega a Cristo tres veces antes del canto del gallo. Esta escena, tan potente en el imaginario colectivo, nos habla de una estructura psíquica profundamente humana: la defensa frente a lo insoportable. Desde el psicoanálisis, la negación (Verneinung) es una forma de rechazo que permite al sujeto mantener una verdad a distancia, decirla sin asumirla. Pedro niega por miedo, por conveniencia, por desesperación. Pero en esa negación también traiciona, porque al rechazar su lazo con el otro, se abandona a sí mismo. Cuando alguien niega un vínculo significativo para preservar su imagen, su lugar o su conveniencia, entra en una lógica de hipocresía: pretende ser leal consigo mismo, pero se traiciona.Y del otro lado… ¿qué ocurre con quien ha sido negado? Queda la humillación, esa herida narcisista que desgarra. Ser borrado, silenciado, reducido a nada, despojado, duele más que el abandono. El deseo de venganza surge como intento de restaurar el narcisismo herido, como respuesta a la injusticia simbólica de haber sido desmentido. Sin embargo, si ese deseo se actúa, el sujeto queda atrapado en la repetición trágica: quien fue negado puede terminar “crucificado” si responde desde el odio o la venganza.
El psicoanálisis nos enseña que la salida está en tramitar el dolor. Se trata de simbolizar lo que se ha roto, de nombrar la herida sin quedarse fijado en ella. Superar la negación no es olvidar, sino subjetivar. Cuando uno comprende que el acto del otro habla más de su miedo que de nuestra valía, aparece una forma de liberación. No es perdón, es elaboración. Hay alternativas para quienes no creen en el perdón, sobre todo en estos tiempos donde todas las terapias hablan de perdonar, sin darse cuenta de que en algunos casos, no es una opción. Pero hay que encontrar otra salida, porque no hay peor traición que dejarse atrapar por la lógica del rencor. El despojado merece más, mucho más. Merece no quedar atrapado en la escena del agravio. Merece restituir su dignidad sin repetir la herida. Porque incluso en el abismo de la negación, hay una grieta por donde puede colarse la palabra. Y es allí donde empieza el trabajo psíquico: en transformar la falta en relato, la rabia en elaboración, el silencio en lenguaje. Quien ha sido negado puede elegir no responder desde la herida abierta, sino desde el lugar de quien ya no necesita ser reconocido por quien lo borró. No para olvidar, sino para no quedar fijado al dolor. Porque a veces la verdadera libertad no es ser amado, sino no necesitar ya esa mirada. Y en ese gesto, silencioso pero firme, se abre la posibilidad de una nueva escena. Una donde no hay traidores ni crucificados, sino sujetos que, pese al desgarro, han encontrado una forma de seguir deseando.
 

 

Goce mudo (por Cristina Jarque).

 

Goce mudo
Cristina Jarque
Dans ma peau (dir. Marina de Van, 2002) presenta la historia de una mujer aparentemente feliz (con pareja, trabajo y belleza) cuya vida parece encajar perfectamente en el ideal social, pero se precipita sin causa aparente hacia la automutilación tras una herida en la pierna. Ese accidente funciona como revelación: el cuerpo, hasta entonces transparente, deviene objeto de extrañeza. Algo se desanuda. La protagonista inicia una relación extraña con su cuerpo, lo mira, lo explora, lo abre. Se instala una escisión: disociación entre sujeto y carne, entre imagen social y experiencia íntima. ¿Por que se automutila? Desde una lectura psicoanalítica, podría pensarse que no es que “algo pasó” en el presente, sino que algo que no estaba simbolizado retorna en lo real. El accidente rompe la ilusión de unidad narcisista: la piel (límite) se abre, y con ella emerge una pulsión que no encuentra inscripción simbólica. No hay relato, no hay trauma consciente, pero sí un goce que invade el cuerpo. La automutilación aparece como búsqueda de algo. En un mundo demasiado “correcto”, el cuerpo deviene el último territorio de lo real, de lo no domesticado. Por eso la pulsión no calma: se intensifica, como una adicción. No hay límite, el goce mortífero se instala y deviene devoración. Es una forma extrema de incorporación, devorarse a sí misma. No se trata de sobrevivir, sino de habitar la propia carne hasta su destrucción. El retorno de lo real es una irrupción sin sentido, sin nombre, sin historia. Algo que estaba fuera de discurso y que, de pronto, encuentra en el cuerpo un modo de decirse.
 

 

Quemar la traición (por Cristina Jarque).


 
Quemar la traición.
Cristina Jarque
Las tradiciones no son casuales. Nacen de deseos colectivos, a veces inconfesables. Son pulsiones ancestrales: quemar la traición. Todos hemos tenido una. El fuego limpia lo que duele y no se olvida. Esta noche, en Toledo, queman a los Judas. Han dejado un carro con leña junto al Tajo. El río, testigo de todo, verá otra vez ese juicio antiguo. Judas no murió por castigo divino, sino por la culpa. Así caen muchos traidores: no por justicia externa, sino por algo que los devora desde dentro. Hay una justicia íntima, inconsciente, que no falla. La traición duele más cuando viene de cerca. De quienes compartieron risas, infancia, sangre. No siempre vemos el castigo, pero sabemos que existe: en la noche, en silencio, frente a sí mismos. Esta noche no arderá solo Judas. Arderán también esos otros, los que traicionan bajo el disfraz del amor. Mirar arder la pira es catártico. Siento que algo en mi interior también arde.

Deux livres à Paris (Espace Analytique). Avec Cristina Jarque et Vannina Micheli-Rechtman

 DEUX LIVRES À PARIS (le 20 mai).
Fratricide. (Traduit en français comme Fratricide).
Fantasme

Fratricide, roman de Cristina Jarque, propose une réflexion sur les liens familiaux traversés par la rivalité, l’envie et la violence symbolique. L’œuvre explore les relations complexes entre sœurs, montrant comment les liens du sang peuvent se transformer en espaces de compétition, de trahison et de lutte pour la reconnaissance affective et matérielle. À travers une narration intense et psychologique, le roman analyse l’héritage émotionnel et les secrets familiaux qui marquent l’identité des personnages. Le roman cherche à ouvrir un dialogue sur les conflits intrafamiliaux à partir d’un regard littéraire et psychanalytique, en soulignant l’impact de ces dynamiques dans la construction subjective et dans la transmission générationnelle de la douleur et du ressentiment, en mettant l’accent sur la proposition de l’auteure : « Tu es ce que tu dépasses ».

Fantôme, volume dirigé par Cristina Jarque avec la participation de 45 co-auteurs. Le fantasme revient, marque le corps et l’histoire. Qu’est-ce qui se répète dans la scène fantasmatique ? Quelle jouissance se joue dans cette scène qui fait souffrir et soutient en même temps ? Le fantasme est ambiguïté, scène ouverte, montage pulsionnel. #psychanalyse