La Catrina (por Cristina Jarque).


 La Catrina nació de una calavera. Su origen se encuentra en las «calaveras» satíricas de José Guadalupe Posada, a finales del siglo XIX, y adquirió su nombre y su forma más conocida con Diego Rivera, quien la incorporó en su mural "Sueño de una tarde dominical" en la Alameda Central. La Catrina representa a una mujer elegantemente vestida cuya imagen nos recuerda que, detrás de las apariencias sociales, todos terminamos siendo iguales ante la muerte. La Catrina resulta fascinante porque pone en escena aquello que la cultura intenta ocultar: la muerte. Freud mostró que el inconsciente no conoce la muerte como una experiencia propia y que necesitamos representarla a través de imágenes, relatos y rituales. La calavera hace visible aquello que permanece velado. La Catrina aparece llena de adornos: lleva vestido, sombrero, flores, colores. La muerte se presenta bajo una imagen deseable. Quizá ahí encontremos algo profundamente psicoanalítico: el sujeto necesita vestir aquello que le resulta insoportable para poder mirarlo. La Catrina convierte la muerte en imagen, y al hacerlo nos permite jugar con ella, celebrarla y, por un instante, perderle el miedo.

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