Adelantadas a su tiempo (por Cristina Jarque).

 

Adelantadas a su tiempo.
Cristina Jarque
La serie Srta. Playmen (Netflix) rescata la figura de Adelina (una mujer que supo leer su tiempo y, al mismo tiempo, desafiarlo) al fundar una revista erótica destinada a los hombres que terminó convirtiéndose, paradójicamente, en un espacio donde el deseo femenino comenzó a encontrar palabras. En un contexto profundamente conservador, donde el cuerpo de la mujer estaba vigilado por la moral, la religión y la ley, Adelina introdujo temas que hasta entonces permanecían en el silencio: la violencia machista, las violaciones, la aparición de la píldora anticonceptiva, la homosexualidad y, sobre todo, la pregunta inquietante por el deseo sexual de las mujeres. ¿Tenemos las mujeres el derecho de desear, o experimentar deseo sexual nos convierte en putas? Preguntas fuertes para esa época... ¿O incluso para esta? Playmen era una revista destinada a alimentar la fantasía sexual masculina, pero se convirtió en un lugar de fisura dentro del discurso dominante. En sus páginas comenzó a insinuarse una verdad atrevida: que las mujeres no eran únicamente objeto del deseo, sino también sujetos deseantes. La revista abría una grieta en el imaginario patriarcal al mostrar que el erotismo no pertenecía exclusivamente a los hombres y que el placer femenino no podía seguir siendo relegado al secreto o a la vergüenza. De algún modo, Adelina hizo visible algo que el psicoanálisis había señalado décadas antes. Como escribió Freud: "La vida sexual de la mujer adulta es un “continente oscuro” para la psicología". Lo que la revista intentó hacer fue precisamente iluminar ese continente: nombrar lo que no podía decirse, mostrar lo que debía permanecer oculto y dar forma pública a un deseo que durante siglos había sido silenciado. La historia que narra la serie no es sólo la de una publicación provocadora, sino la de una mujer que comprendió que hablar de erotismo era también una forma de intervenir en la política del cuerpo y del lenguaje. Porque cuando el deseo femenino comienza a nombrarse, el orden que lo había mantenido callado empieza inevitablemente a resquebrajarse.
 

 

El deseo de ser otra (por Cristina Jarque).

 

El deseo de ser otra.
Cristina Jarque
La película chilena El lugar de la otra, dirigida por Maite Alberdi (Netflix 2024) está basada en un hecho real: el asesinato que cometió María Carolina Geel. Estamos ante la construcción de la figura del “fantasma de la otra mujer”. En este caso, no es solo la rival, sino una posibilidad reprimida del propio ser femenino. La otra no está fuera, más bien, habita en la grieta íntima de la subjetividad, como doble, como deseo no reconocido, como vida no vivida, como búsqueda de la libertad. La causa del asesinato nunca se resolvió. Quedó como un enigma: ¿Fue un crimen pasional, un gesto de apropiación radical? Freud, al reflexionar sobre la agresividad en la feminidad, señala: “La mujer, en ciertas condiciones, puede volverse tan cruel como el hombre, pero su crueldad se inscribe más profundamente en la vida amorosa”. Esa crueldad no es exterior: es íntima, silenciosa, ligada al amor, a la identificación y a la pérdida. Recordemos que para la posición femenina la angustia de castración es la pérdida del amor. Lo más perturbador es que tanto la asesina como la secretaria encuentran, paradójicamente, un espacio de libertad. La primera, en el encierro del manicomio, se desprende del orden social que la oprimía y accede a una forma radical de existencia propia. Allí escribe su libro cárcel de mujeres. La secretaria, en el apartamento de la asesina, ocupa ese lugar vacío y comienza a hacer fotografía, poco a poco, como en un tratamiento psicoanalítico, ella empieza a devenir otra. Surge la creación: una nace en la locura, la otra en la usurpación. La película sugiere que el lugar de la otra, en este caso, se habita como un espectro, como una fisura desde donde, surge la voz de una mujer que antes del suceso, era invisible.
 

 

Complicado pero no imposible (por Cristina Jarque).

 

Complicado pero no imposible.
Cristina Jarque
Ayer he vuelto a ver El secreto de sus ojos (Netflix) dirigida por Campanella (2009). Es de esas historias que no nos cansamos de ver pirque cada vez, aprendemos algo nuevo que pid3mos introducir en nuestras propias experiencias. Benjamín Espósito aprende a leer lo que no se dice: la verdad que habita en una mirada. En una simple fotografía, descubre en el asesino algo que lo delata más que cualquier prueba: una mirada de deseo obsesivo, fija, imposible de disimular. Más tarde, en contraste, reconoce en el marido de la víctima otra forma de mirar: una mirada de amor infinito, herido pero fiel, que persiste incluso en la ausencia. Un amor que narra tanto que es inolvidable. Esas miradas lo confrontan consigo mismo. Porque en otra foto, casi sin querer, Benjamín se ve reflejado: su propia mirada dirigida a Irene dice lo que él nunca se atreve a pronunciar. Amor contenido, postergado, silenciado por el miedo. Él cree que ella es inalcanzable. Pero ella corre en el andén cuando el tren parte, como si el cuerpo intentara alcanzar lo que las palabras no dijeron a tiempo. Pero él no se anima. Y así, la vida pasa entre lo que pudo ser y no fue. Al final, Benjamín comprende algo esencial: el amor, como esas miradas, siempre encuentra la forma de decirse. Puede ser complicado, sí, lleno rodeos, silencios y pérdidas… pero, felizmente en su caso, no fue imposible. 



Lo que Maite no cede (por Cristina Jarque).

 

Lo que Maite no cede.
Cristina Jarque
En Los Domingos, me sobrecoge la angustia del personaje de Maite ante la decisión de su sobrina de ingresar en un convento. ¿Por qué surgen emociones tan complejas en esa tía? ¿Por qué no respeta el deseo de Ainara? Parece que hay algo más íntimo, más opaco: una herida que no pertenece del todo a Ainara, sino a la propia Maite. El que Ainara elija la vida religiosa confronta a la tía con una forma radical de renuncia. No es solo el abandono del mundo, sino el rechazo de sus promesas: el deseo, el amor, incluso la posibilidad de una reparación simbólica del dolor vivido. Maite parece percibir, quizá sin poder formularlo, que esa decisión clausura toda expectativa de transformación. Como si la entrada al convento fijara el sufrimiento en un destino, en lugar de abrirlo a la contingencia de la vida. Pero lo que yo percibo, es que lo que intensifica su angustia es, sobre todo, la posición del padre de Ainara (hermano de Mayte) que parece vivir la decisión como un alivio, como quien se quita un peso de encima. Allí donde Maite ve pérdida, él encuentra descanso. Este contraste es insoportable porque revela una grieta en la economía afectiva familiar: lo que para uno es carga, para otro es desprendimiento. Maite queda atrapada en una posición casi culpable, como si su resistencia a la decisión de Ainara la enfrentara a una pregunta silenciosa: ¿por qué ella no puede “soltar”? Freud escribe en “Duelo y melancolía” que “la sombra del objeto cae sobre el yo”. En este caso, podría decirse que Ainara proyecta su sombra sobre Mayte. La elección de la sobrina reactiva en la tía un conflicto no resuelto con la pérdida, con el sacrificio, con aquello que no pudo o no quiso abandonar en su propia vida. No es solo Ainara quien se va: es también una parte de Maite la que se ve empujada hacia ese espacio de silencio y clausura. La angustia no es únicamente por la sobrina, sino por lo que en ella se juega como espejo: la imposibilidad de aceptar que, para algunos, la renuncia puede vivirse como salvación, mientras que para otros no es más que otra forma de sufrir. Ainara apaciguó su dolor en el convento; pero para Maite, ese dolor insiste, no se apacigua, no encuentra forma de terminar. Para Maite el dolor no cede.
 

 

Hacer lo correcto (por Cristina Jarque).

Hacer lo correcto.
Cristina Jarque
Niños de plomo (dirigida por un equipo de investigación documental, 2023) es una serie basada en un caso real, en Polonia, que expone las devastadoras consecuencias del envenenamiento por plomo en comunidades vulnerables. En el corazón del relato emerge la figura de una mujer, la doctora Jolanta, cuya historia avala el compromiso ético del que habla Lacan: no ceder en el deseo. La doctora insiste en nombrar lo que otros prefieren silenciar. Esta mujer logra una sororidad nacida del dolor compartido, del cuerpo de sus hijos como campo de batalla. La serie muestra cómo, en medio de la negligencia y la indiferencia, estas mujeres logran sostenerse unas a otras, transformando la fragilidad en fuerza colectiva. No obstante lo ganado, la historia de Jolanta nos hace ver que el precio del deseo siempre es alto. Ella se convierte en chivo expiatorio: la cambian de trabajo y le niegan el reconocimiento de su tesis doctoral. Nombra el envenenamiento e insiste en establecer la relación entre el deterioro de los cuerpos infantiles y la contaminación, pero el sistema responde con una operación de descrédito. Su palabra es puesta en duda, su ética es sospechada, su insistencia es leída como exceso. La serie deja ver cómo, en esa trama de poder, la verdad necesita un cuerpo que cargue con ella. Y ese cuerpo, en este caso, es el de ella, porque el sistema logra desplazarla, silenciarla y degradarla. No obstante, algo de esa verdad ya no puede ser retirado. Hacer lo correcto, desde el psicoanálisis, no garantiza justicia, pero permite que el sujeto pueda seguir viviendo con la decisión tomada.