Extracto del libro LA VERDAD DE LAS MENTIRAS de Mario Vargas Llosa

Desde que escribí mi primer cuento me han preguntado si lo que escribía «era verdad». Aunque mis respuestas satisfacen a veces a los curiosos, a mí me queda rondando, cada vez que contesto a esa pregunta, no importa cuán sincero sea, la incómoda sensación de haber dicho algo que nunca da en el blanco. Si las novelas son ciertas o falsas importa a cierta gente tanto como que sean buenas o malas y muchos lectores, consciente o inconscientemente, hacen depender lo segundo de lo primero. Los inquisidores españoles, por ejemplo, prohibieron que se publicaran o importaran novelas en las colonias hispanoamericanas con el argumento de que esos libros disparatados y absurdos —es decir, mentirosos— podían ser perjudiciales para la salud espiritual de los indios. Por esta razón, los hispanoamericanos sólo leyeron ficciones de contrabando durante trescientos años y la primera novela que, con tal nombre, se publicó en la América española apareció sólo después de la independencia (en México, en 1816). Al prohibir no unas obras determinadas sino un género literario en abstracto, el Santo Oficio estableció algo que a sus ojos era una ley sin excepciones: que las novelas siempre mienten, que todas ellas ofrecen una visión falaz de la vida. Hace años escribí un trabajo ridiculizando a esos arbitrarios, capaces de una generalización semejante. Ahora pienso que los inquisidores españoles fueron acaso los primeros en entender—antes que los críticos y que los propios novelistas— la naturaleza de la ficción y sus propensiones sediciosas.

En efecto, las novelas mienten —no pueden hacer otra cosa— pero ésa es sólo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que sólo puede expresarse encubierta, disfrazada de lo que no es.

EL ESPEJO DEL DESEO

Por Lola Burgos

Una de las diferencias principales entre la Psicología y el Psicoanálisis, es que la Psicología trata de los procesos conscientes y el Psicoanálisis trata a los procesos inconscientes. La Psicología trabaja desde y con el Yo y el Psicoanálisis trata de producir un “corrimiento” del Yo para que el sujeto del inconsciente surja. ¿Para qué queremos los psicoanalistas que el sujeto surja? La cuestión es que el Yo se defiende, se resiste y, en cambio, el sujeto insiste. Lo que Freud descubre es que, queramoslo o no, el inconsciente de todas formas insiste: aparece en los lapsus, los actos fallidos, los olvidos, los chistes y en los sueños y en los síntomas.

LA ANTI-LIBERTAD: RENUNCIA, ENTREGA ReclAMO

Por Luis Martínez de Prado

Ahora que no entiendo nada,
Amo te lanzo un sonoro reclamo,
Un grito de desesperanza,
para que te hagas cargo de mi desgarro.
Vuelve a decirme cuál es mi camino,
ahora que se ha desvanecido el futuro
muéstrame el mapa de mi destino;
seguir es imposible pero volver es aun más duro.

EL LENGUAJE PARA EL PSICOANÁLISIS

(Introducción)
Por José Eduardo Tappan M.
Al abrirse a las preguntas de la condición humana y de la estructura de la subjetividad, el psicoanálisis, entonces, se encuentra más cerca del área de la semiótica y la lingüística que se articulan con el psiquismo, que de la psicología que se relaciona con los hábitos y la conducta.
El psicoanálisis está lejos de las preocupaciones y metodologías de la psicología y cerca de las preocupaciones y las preguntas, de la semiótica, la filosofía y la antropología simbólica. Aun cuando lo humano se puede estudiar desde diferentes y simultáneas aproximaciones, una de las más importantes para el psicoanálisis, sin lugar a dudas, será el lenguaje.