Amar sin ser elegida
Cristina Jarque
Münter & Kandinsky (Movistar, 2024) es una película dirigida por Rosenmüller que aborda no sólo una historia de amor entre dos artistas fundamentales de la modernidad, sino una estructura psíquica mucho más antigua y persistente: lo que conocemos en psicoanálisis como la división entre el amor y el deseo. Esta historia, que fue real, deja al descubierto un drama que vemos constantemente en la clínica con nuestros analizantes: los triángulos amorosos. En este caso, vemos a un hombre incapaz de unir amor y pulsión y a una mujer condenada a ocupar el lugar de la amante sacrificable. Kandinsky aparece como el prototipo del hombre que necesita repartir sus objetos de amor. Por un lado, la esposa legítima, garante del orden, de la respetabilidad, del nombre. Por otro, Gabriela Münter, la amante, la mujer del deseo, de la pasión creadora, del riesgo. Esta escisión no es anecdótica ni moral, sino profundamente inconsciente. Freud la formuló con una lucidez implacable en Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa, cuando escribió: «Donde aman no desean, y donde desean no pueden amar». En esa frase se condensa el destino de muchas mujeres reducidas a ser “la otra”, no porque falte amor, sino por muchas razones complejas y, entre ellas, parece existir una defensa masculina contra la implicación afectiva total. La película muestra con delicadeza cómo Gabriela no es sólo una amante, sino una artista de primer orden, alguien que acompaña, sostiene, inspira y, sin embargo, queda excluida del reconocimiento simbólico y afectivo. Su sufrimiento no es el de los celos banales, sino el de quien ama sin poder ser amada plenamente, el de quien es deseada pero no elegida. Gabriela paga el precio de encarnar el deseo sin el estatuto de la esposa, sin la protección del nombre, sin la promesa de permanencia. Mirar ese dolor, inscrito en los silencios, en las miradas, en la espera interminable, me hizo recordar a Camille Claudel. Gabriela es la mujer que cree que el amor será suficiente, que el talento compartido bastará para romper la escisión, pero se enfrenta una y otra vez al mismo límite: Kandinsky necesita que ella permanezca en el lugar de amante para poder seguir deseándola y, precisamente por eso, no puede hacerla su mujer. La película, en ese sentido, no habla sólo de Kandinsky, sino de una lógica masculina ampliamente extendida. La esposa y la amante no son dos mujeres distintas, sino dos funciones incompatibles en una economía libidinal dividida. Gabriela sufre porque intuye esa verdad demasiado tarde: no es ella quien falla, sino la estructura misma del amor que le ofrecen. Münter & Kandinsky se convierte así en un relato sobre la injusticia silenciosa que pesa sobre muchas mujeres brillantes, reducidas a musas, a acompañantes, a amantes despechadas, cuando en realidad fueron creadoras, sostén y motor de una obra que la historia firmó con un solo nombre.

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